28 septiembre, 2026

Ser Pequeño

Lucas 9, 46-50 — lectura del día en Vatican News

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: "El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande". Entonces, Juan le dijo: "Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros". Pero Jesús respondió: "No se lo prohiban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes".

Jesús después de haber hablado de la primacía del servicio, hace un gesto. Hemos visto que los gestos de Jesús son más fuertes que las palabras que usa. Y ¿cuál es el gesto? Toma un niño y lo coloca en medio de los discípulos, en el centro, en el lugar más importante (cf. v. 36). El niño, en el Evangelio, no simboliza tanto la inocencia como la pequeñez. Porque los pequeños, como los niños, dependen de los demás, de los adultos, necesitan recibir. Jesús abraza a ese niño y dice que quien recibe a un pequeño, a un niño, lo recibe a Él (cf. v. 37). Esto es, en primer lugar, a quién servir: a los que necesitan recibir y no tienen nada que devolver. (…) Acogiendo a los que están en los márgenes, desatendidos, acogemos a Jesús, porque Él está ahí. Y en un pequeño, en un pobre al que servimos, también nosotros recibimos el tierno abrazo de Dios.

QCD? Hoy te pido Señor que me regale la gracia de ser pequeño y humilde en este mundo, para ser grande en el reino de los cielos. QLGDDECUS

Escrito por César Zuluaga — enviado desde lecturadivina.com

28 de septiembre de 2026 (Lucas 9, 46-50)

Lucas 9, 46-50 — lectura del día en Vatican News

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: "El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande". Entonces, Juan le dijo: "Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros". Pero Jesús respondió: "No se lo prohiban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes".

Jesús después de haber hablado de la primacía del servicio, hace un gesto. Hemos visto que los gestos de Jesús son más fuertes que las palabras que usa. Y ¿cuál es el gesto? Toma un niño y lo coloca en medio de los discípulos, en el centro, en el lugar más importante (cf. v. 36). El niño, en el Evangelio, no simboliza tanto la inocencia como la pequeñez. Porque los pequeños, como los niños, dependen de los demás, de los adultos, necesitan recibir. Jesús abraza a ese niño y dice que quien recibe a un pequeño, a un niño, lo recibe a Él (cf. v. 37). Esto es, en primer lugar, a quién servir: a los que necesitan recibir y no tienen nada que devolver. (…) Acogiendo a los que están en los márgenes, desatendidos, acogemos a Jesús, porque Él está ahí. Y en un pequeño, en un pobre al que servimos, también nosotros recibimos el tierno abrazo de Dios.

En el capítulo anterior Jesús había anunciado a sus discípulos que iba a sufrir y ser entregado en la cruz, pero unos versículos después los discípulos estaban discutiendo quien era el más grande. Ante el misterio más sublime de la salvación humana los seguidores directos del Hijo de Dios discutían quien era el mejor. Es como cuando un padre está en el lecho de muerte y sus hijos al rededor discuten quien recibirá la herencia...

Escrito por Gabriel López — enviado desde lecturadivina.com

27 septiembre, 2026

27 de septiembre de 2026 (Mateo 21, 28-32)

Mateo 21, 28-32 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron: "El segundo". Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él''.

Las obras son las que hablan de alguien, no la fama, el puesto o las buenas razones.

Escrito por Gabriel López — enviado desde lecturadivina.com

26 septiembre, 2026

Aceptar los designios del Señor

Lucas 9, 43-45 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.

QCD? Que el Señor hoy nos dé la gracia de tener mucha sabiduría, para poder vivir nuestra juventud, para tener una buena vejez, y poder llegar al cielo; y también que nos dé sabiduría para entender cada una de las palabras y enseñanzas del Señor, así nos parezcan duras. QLGDDECUS

Escrito por César Zuluaga — enviado desde lecturadivina.com

25 septiembre, 2026

25 de septiembre de 2026 (Lucas 9, 18-22)

Lucas 9, 18-22 — lectura del día en Vatican News

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado". Él les dijo: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Respondió Pedro: "El Mesías de Dios". Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie. Después les dijo: "Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día".

QCD? Hay tiempo para sembrar y tiempo para cosechar!; tiempo para la guerra y tiempo para la paz; Que el Señor nos dé la gracia de reconocerlo como El Mesías, El Hijo de Dios.

Escrito por César Zuluaga — enviado desde lecturadivina.com

25 de septiembre de 2026 (Lucas 9, 18-22)

Lucas 9, 18-22 — lectura del día en Vatican News

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado". Él les dijo: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Respondió Pedro: "El Mesías de Dios". Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie. Después les dijo: "Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día".

Jesús gozaba de fama por todos lados algunos decían que era un profeta resucitado. Otros, seguramente, decían que era un charlatán o un fraude. Pedro lo reconoció como el Mesías de Dios y Jesús lo confirma.
Me llama la atención que los ancianos, los escribas y los sacerdotes no lograron verlo como Mesías. Ellos eran los más estudiados, los más poderosos, los líderes religiosos y los experimentados. ¿Como es eso posible? No fue por falta de milagros, curaciones, enseñanzas ni por falta de pruebas. No lo vieron como Mesías porque...

Escrito por Gabriel López — enviado desde lecturadivina.com

24 septiembre, 2026

La búsqueda de Dios

Lucas 9, 7-9 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

QCD? Estoy leyendo el libro fuego que encienden otros fuegos de San Alberto Hurtado y habla de cómo es de bonita la búsqueda de Dios . Y es lo que le pasa hoy a Herodes, escucha hablar de El y siente inquietud por conocerlo. Hoy le pedimos al Señor que siembre en nuestro corazón esas ganas de conocerlo todos los días más y profundizar en su conocimiento. QLGDDECUS

Escrito por César Zuluaga — enviado desde lecturadivina.com

24 de septiembre de 2026 (Lucas 9, 7-9)

Lucas 9, 7-9 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

La fama de Jesús era tal que hasta Herodes había escuchado de él. No hablamos de cualquiera. ¿Tanto revuelo había creado?

Escrito por Gabriel López — enviado desde lecturadivina.com

22 septiembre, 2026

22 de septiembre de 2026 (Lucas 8, 19-21)

Lucas 8, 19-21 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

«Jesús seguía hablando a la gente» y amándola, hasta tal punto que define a «esa multitud inmensa “mi madre y mis hermanos”». Los familiares de Jesús son, pues, «los que escuchan la palabra de Dios» y «la ponen en práctica». Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más. Así de simple. (…) Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”».

¡Cuán difícil es aplicar al pie de la letra la Palabra de Dios por nuestras propias fuerzas y a la brida de nuestra carne! Tan solo pido que podamos cada día parecernos más a Cristo, para que podamos ser incluidos entre los suyos, su familia.

Escrito por Esteban Sanchez — enviado desde lecturadivina.com

22 de septiembre de 2026 (Lucas 8, 19-21)

Lucas 8, 19-21 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

«Jesús seguía hablando a la gente» y amándola, hasta tal punto que define a «esa multitud inmensa “mi madre y mis hermanos”». Los familiares de Jesús son, pues, «los que escuchan la palabra de Dios» y «la ponen en práctica». Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más. Así de simple. (…) Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”».

QCD? Me parece muy bonito lo que nos dice Jesús si acogemos la palabra de Dios y la ponemos en práctica seremos como su madre y sus hermanos. QLGDDECUS

Escrito por César Zuluaga — enviado desde lecturadivina.com

22 de septiembre de 2026 (Lucas 8, 19-21)

Lucas 8, 19-21 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

«Jesús seguía hablando a la gente» y amándola, hasta tal punto que define a «esa multitud inmensa “mi madre y mis hermanos”». Los familiares de Jesús son, pues, «los que escuchan la palabra de Dios» y «la ponen en práctica». Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más. Así de simple. (…) Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”».

Escuchar y poner en práctica la palabra de Dios... Eso suena bien, pero ¿qué es y cómo se vive? Suena fácil pero, ¿qué debo poner en práctica? Son tantas las cosas que uno escucha, pero ¿son palabra de Dios? Seguir una religión es hasta fácil, cumplir sus normas y preceptos es fácil, pero ¿es eso de lo que habla Jesús?

Escrito por Gabriel López — enviado desde lecturadivina.com

21 septiembre, 2026

21 de septiembre de 2026 (Mateo 9, 9-13)

Mateo 9, 9-13 — lectura del día en Vatican News

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió. Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos pu¬bli¬canos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?" Jesús los oyó y les dijo: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".

Solo espero, cada día, dejar la maña de murmurar o hablar mal de otro, así sea verdad. Que Dios nos conceda el don del santo silencio.

Escrito por Esteban Sanchez — enviado desde lecturadivina.com

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