14 septiembre, 2010


El Señor se dirige a un pueblo, el Señor va en busca de los necesitados, es así como inicia el evangelio de hoy Jesús caminando hacia un pueblo pues Él iba a llevar la buena nueva de Dios, Él iba a proclamar y llevar la nueva buena, iba a predicar y a anunciar la conversión. Y es en este pueblo donde ve el sufrimiento de una mujer, de una mujer que lloraba por la muerte su único hijo, debía ser una mujer que había permitido la entrada de Dios en su corazón y en esa llamada del dolor aparece Jesús a socorrer a esta mujer y por otro lado a mostrar un signo milagroso a todos los que lo acompañaban.

Que caridad la de nuestro Señor, siempre dispuesto a darse del todo, y a dar a los hombres su misericordia. El Señor escucha el llamado de un corazón que sufre por la turbación, que sufre por el dolor y la confusión, un alma que no sabe dónde dirigirse y no sabe que como puede obrar. El Señor está listo para amar al que le busca y al que le necesita.

Oh virgen inmaculada gracia por interceder ante el Señor para que venga a mi encuentro, venga a mi socorro después de tanta oscuridad se ve contigo la luz que es el Señor. Gracia madre porque tu respondes el llamado de un corazón confundido y un corazón necesitado de la respuesta de Dios.

“A ti te grito: levántate” es el la voz del señor que nos dice levántate que es momento de combatir, combatir en una batalla donde somos pequeños y débiles pero muy privilegiados pues contamos con el mejor del lado de nosotros.

¡A ti madre querida, enséñanos a amar!
“Ad Maiorem Dei Gloriam per Maria

Martes, 14 de septiembre de 2010. Lc 7, 11-17

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»



Mi adorado Jesús, tu sabes cuantas lagrimas derrama a diario nuestra amadísima madre María por sus hijos que están muertos por el pecado, por los que te ofendemos diariamente, hoy te suplicamos que no mires nuestros pecados, no mires nuestra mediocridad, sino que por ella, por el amor que le tienes, derrames abundantes gracias a toda la iglesia, a lazos de amor mariano, a toda la humanidad, para que haya muchísimas conversiones, y así la Virgencita no llore más.



Mi Dios, nos has visitado en tu infinito amor, no tienes barreras para sanar, no hay criticas y rechazos que te impidan actuar, no hay viaje a Naín que te haya impedido mirarnos con compasión, siempre tienes tiempo para tu misericordia, nos visitas, aun cuando menos lo esperábamos, solo tenemos que dejarte ser Dios, dejarte actuar, y por ello con la fe de María, queremos pronunciar nuestro sí, hágase como has dicho. Gracias por darnos a la Virgen María en la cruz, bajo sus cuidados nuestra alma siempre estará segura.

LUCAS 7,11-17
“Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate” Es hermosos saber cómo en este evangelio podemos ver que Cristo se compadece de los más necesitados, recordemos que las viudas eran despreciadas en el tiempo de Jesús, pero para Cristo no hay desprecio, para Dios todos somos sus hijos, ante los ojos de Dios valemos lo mismo, vemos que Cristo se preocupa no de su estado civil, sino de su alma, Cristo mira que le hace falta para hacerla feliz, y por eso es que el Señor procede a acercarse, pero no solo se acerca, sino que se conmueve, esta expresión del evangelio nos quiere decir que Cristo entró en lo más profundo del corazón de esta mujer y vio el dolor que en él se guardaba por la pérdida de su hijo.

Dios en la revelación, que conocemos por la Tradición de la Iglesia y la Sagradas Escrituras, sale al encuentro del hombre, es Dios mismo quien tiene la iniciativa de salvar al hombre y darle la felicidad y el amor, por eso vemos que Cristo se acerca al féretro para devolverle la vida a este joven, nosotros estábamos muertos y Dios decide revelarse en la Persona Divina del hijo, se encarna, viene a nuestra naturaleza, vive con nosotros, muere por nosotros, y resucita por nosotros para darnos la vida eterna y decirnos como le dijo a este joven “a ti te digo: Levántate” Dios quiere levantarnos del pecado y darnos la vida eterna.

Dios viene personalmente a encarnarse en el vientre de la Santísima Virgen María, en ella encontramos como se nos revela Cristo, entreguémonos a ella porque en ella encontramos un lugar seguro donde no nos hará falta el amor, ya que ella tiene totalmente el amor, Madre déjame entrar en tu corazón que afuera de él me muero de frio.

Sant´Antonio prega per me.

Martes 14 de septiembre de 2010. Lc 7, 11-17

La resurrección del hijo de la viuda. Jesús al ver a la madre del joven que llevaban a enterrar, se conmovió profundamente y la consoló diciéndole: «no llores». Jesús sabía lo que sucedía en su corazón; por su condición de mujer y de viuda, se encontraba ante una gran angustia por la pérdida de su único apoyo, es decir, de su hijo.

Jesús sabe bien qué significa para una madre perder a su único hijo, y más cuando es viuda. Ahora bien ¿será que Jesús no conoce la condición de cada uno y la angustia que todos sentimos ante los inconvenientes de la vida? Claro que sí, pero a veces actuamos como si no lo supiéramos. A veces parece que creyéramos que Dios no nos escucha o que no actúa ante nuestras súplicas, pero la verdad es que siempre ha estado allí.

«Joven, yo te lo mando, levántate», estas mismas palabras, Jesús nos las dice a cada uno de nosotros. Aunque sientas que es demasiado tarde, aunque creas que ya nada es posible y que todo está acabado, Jesús sigue de cerca tus pasos y, en el momento que él lo considere oportuno, nos dará lo que tanto pide nuestro corazón.

Yo, Jesús, te pido a María.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

13 septiembre, 2010

Lunes, 13 de septiembre de 2010. Lc 7,1-10

Inicialmente los ancianos judíos decían a Jesús de aquel centurión “El merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga", posteriormente llegan a interceder sus amigos como mensajeros de la fe el centurión.



Vemos que en las dos ocasiones eran grupos de personas que estaban siendo intermediarios del centurión, estas personas le hacen el favor por la amabilidad, por el testimonio de aquel hombre, seguramente nadie le decía que no; nosotros, en cambio, que pocos meritos tenemos, quizás no merecemos tanto, además pocas personas nos harían favores sin esperar nada a cambio, sin embargo, María nos mira con misericordia, ella habla a Jesús por nosotros, ella lo mira maternal y tiernamente suplicando por sus hijos necesitados, ella es el Auxilio de los Cristianos, ella adorna los pocos bienes que tenemos y los presenta a Dios en nombre nuestro.




Mamita, cree por nosotros, quiero hacer todo con tu fe mamá, pues eres la llena de Gracia, la digna de Dios, y ¿quienes somos para que la madre de nuestro Señor venga a visitarnos? Seguramente la consagración es una extensión de tu mano maternal y de la Divina Misericordia del Señor, quiero ser tu esclava para agradar a Jesús eternamente, gracias por ser la Reina de los ángeles y santos que tu nos regalas como peregrinos en nuestro caminar hacia la eternidad. Amén
LUCAS 7, 1-10
El evangelio de hoy contiene dos virtudes que son fundamentales para nuestra vida de cristianos, dos virtudes que se enmarcan en una sola frase y que ha permanecido a través de los tiempos, tanto que la tenemos en la Eucaristía y la recitamos en el momento culmen de la Eucaristía para recibir a Cristo como aquel centurión.

“Señor no soy digno de que entres en mi casa pero una sola palabra tuya bastara para sanarme” esta frase se la manda a decir el soldado romano a Cristo con los ancianos Judíos y lo impresiónate es lo que contiene la frase, pero hay algo que también me impresiona y es que los ancianos Judíos ruegan ante Jesús para que le conceda el milagro al centurión, como quien dice tu que puedes hacerlo no te niegues que él es un muy buen hombre y se lo merece, pero Jesús no hace el milagro por ser él un buen hombre como lo reconocía la gente, sino por su fe “Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande” nuestro Señor no nos concede las gracias o los milagros por que los merezcamos, nosotros no merecemos nada de Él, sino por la fe que tengamos en nuestro Señor.

Aquí encontramos estas dos hermosas virtudes que son como decía al principio son fundamentales para nosotros. Miremos la humildad de él centurión, él teniendo el mando sobre el pueblo de Israel no le habla a Cristo como soldado, sino como un hombre necesitado de la ayuda de Jesús, se rebaja ante Jesús y reconoce que no es digno de que el Señor entre en su casa; esta actitud del centurión la debemos imitar nosotros para poder pasar a la virtud de la fe, porque solo puede tener fe el que tiene un acto de humildad donde se sienta necesitado de su Creador, la fe viene por un acto de humildad, como lo dice nuestro Señor, los misterio de mi Padre solo se le revelaran a los sencillos de corazón.
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Imitemos a nuestra Madre que como el centurión se hizo pequeña, se humillo y cuando el Ángel le revelo lo humanamente imposible creyó y tubo el acto de fe más grande en toda la historia de la humanidad, recibir el Verbo eterno, el Hijo del Padre. Madre santa imprime en nuestro corazón estas dos virtudes que tanto necesitamos para ser tus verdaderos consagrados.

Sant´Antonio prega per me.

Lunes 13 de septiembre de 2010. Lc 7, 1-10

quintus[1] Gracias a ese soldado hoy tenemos aquella bella oración en la Eucaristía: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». ¿Cómo es posible que aquel hombre que no era judío creyera en Jesucristo con tanta fe?

Aquel soldado romano tenía tanta fe que sabía que Jesús podía hacer el milagro, de sanar al criado que tanto amaba, desde lejos. Sabía que Jesús tenía el poder de hacer cualquier cosa, y se sentía avergonzado de que Jesús fuera a su casa.

Los judíos que llevaron el mensaje a Jesús se basaron e en el amor al pueblo judío y en la construcción de la sinagoga, por parte del soldado romano, para que se hiciera la curación, en cambio Jesús se fundamentó en la fe porque Él no mira con ojos de interés.

Al fin de cuentas, Dios ve los corazones, no las construcciones. Dios ve la fe y no la conveniencia religiosa. Dios busca y quiere la salvación de todos, no solo de los que profesan una religión determinada.

Madre Santísima, te ruego por los que buscan a Dios con corazón sincero. Alcánzales la gracia de conocer a Jesús y llegar a Él por medio de ti.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

12 septiembre, 2010

LA MISERICORDIA DE DIOS


Las parábolas de la misericordia, ¡Que alegría es encontrar y conocer la misericordia de Dios! Creo que sobre la misericordia no solo es importante escribir sino vivirla y conocerla, experimentarla. “Benditas almas que experimentan la misericordia de Dios y viven en ella”

La misericordia de Dios nos lleva a darla también, quien experimenta la misericordia de Dios no podrá no darla a conocer, deberá y sentirá la necesidad de darla, de que otros la experimenten. Señor Jesús dame la gracia de vivir continuamente en la misericordia que me has permitido vivir y ayúdame a mostrarla a los demás, que podamos llamar a los vecinos y contarles que hemos encontrado la oveja y la moneda que habíamos perdido, la gracia de Dios que habíamos perdido y la hemos encontrado, vivíamos muertos, es decir estábamos vivos corporalmente pero muertos en el alma pues no comprendíamos la ofensa que impartíamos a los demás, a Dios y hasta a nosotros mismos.

Oh María tu que viste el Señor de la misericordia, tu lo alimentaste y hasta viste cuando la impartía a los pecadores con los cuales se reunía, enséñame a dar misericordia como lo hacia el Rey de la Misericordia.

¡A ti madre querida, enséñanos a amar!
“Ad Maiorem Dei Gloriam per Mariam”
Las parábolas de la misericordia, ¡Que alegría es encontrar y conocer la misericordia de Dios! Creo que sobre la misericordia no solo es importante escribir sino vivirla y conocerla, experimentarla. “Benditas almas que experimentan la misericordia de Dios y viven en ella”

La misericordia de Dios nos lleva a darla también, quien experimenta la misericordia de Dios no podrá no darla a conocer, deberá y sentirá la necesidad de darla, de que otros la experimenten. Señor Jesús dame la gracia de vivir continuamente en la misericordia que me has permitido vivir y ayúdame a mostrarla a los demás, que podamos llamar a los vecinos y contarles que hemos encontrado la oveja y la moneda que habíamos perdido, la gracia de Dios que habíamos perdido y la hemos encontrado, vivíamos muertos, es decir estábamos vivos corporalmente pero muertos en el alma pues no comprendíamos la ofensa que impartíamos a los demás, a Dios y hasta a nosotros mismos.

Oh María tu que viste el Señor de la misericordia, tu lo alimentaste y hasta viste cuando la impartía a los pecadores con los cuales se reunía, enséñame a dar misericordia como lo hacia el Rey de la Misericordia.

¡A ti madre querida, enséñanos a amar!
“Ad Maiorem Dei Gloriam per Mariam”

Domingo, 12 de septiembre de 2010. Lc 15,1-32

Los fariseos decían de Jesús: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos" y por lo tanto el Señor que conoce los corazones, propone las tres parábolas, la de la oveja perdida, la de la moneda y la del hijo prodigo, donde no solo se nos muestra el amor misericordioso de Dios, sino la necesidad humana de ser misericordiosos a semejanza de nuestro Creador.


En las dos primeras parábolas hay alegría en el cielo, alegría de los ángeles, y en la tercera, el Padre se alegra particularmente, por tanto concluimos que cuando hay conversión, cuando volvemos al redil, cuando volvemos a los brazos de Dios en los que estamos seguros, es cuando encontramos la felicidad propia, la trasmitimos y se consuela el corazón de Dios.


Cuando Dios nos permite ser espectadores de su obra, cuando vemos la conversión de las almas ¿Qué actitud tomamos? ¿Será que actuamos con egoísmo? ¿Presumimos de lo que hicimos? ¿Acaso no fue Dios quien transformó y tocó los corazones?


Mi Jesús, nos unimos al corazón de la Inmaculada para sentir con y en ella, para que sus sentimientos sean nuestros sentimientos, para que siempre unamos nuestras alegrías a las tuyas, que podamos verdaderamente festejar con el Manjar de los Ángeles en las Bodas del Cordero, que podamos valorar y participar activamente de tu Sacramento Admirable: La Eucaristía, porque nos has devuelto el vestido de la gracia, el anillo y las sandalias de la dignidad de ser tus hijos y porque nos quieres nutrir de ti mismo, haznos almas eucarísticas, para que nunca tengas que salir a rogarnos que entremos a participar de tu fiesta con nuestros hermanos, sino que espontáneamente te busquemos y deseemos eternamente.

Domingo 12 de septiembre de 2010. Lc 15, 1-32

la-oveja-99-1[1] "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". No, eso generalmente, no lo hacemos.

También dice el evangelio: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido" Esto, tampoco lo hace generalmente la gente.

Entonces, ¿por qué pone Jesús esa comparación? Porque quiere demostrarnos que nosotros no pensamos ni actuamos como Él. Por eso Cristo es Maestro, porque nos enseña, verdaderamente, lo que es la caridad. Estoy seguro que María si haría todas estas cosas, pero nosotros… creo que nunca, o pocas veces, lo hacemos.

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Es Él quien verdaderamente nos enseña a actuar y a vivir.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

11 septiembre, 2010

EL TESORO DEL CORAZÓN



“El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene su corazón” Esto es lo que nos dice el Señor, “No hay árbol bueno que dé frutos malos” En el corazón reside el fruto de nuestro árbol, si nuestro árbol se ha nutrido de los minerales corrompidos del mundo, los frutos eminentemente serán consecuentes con esta nutrición, por tanto, un fruto malo, pues de la abundancia del corazón habla la boca. Por otro lado si el árbol ha sido nutrido con minerales perfectos y puros del amor de Dios y de la sabiduría del poderoso, los frutos lo serán de la misma manera.

Así el tesoro de bondad del corazón se obtiene por las ganancias, los dineros puros y limpios que se ganaran para el mismo, es decir puede ser un tesoro de bondad como también podría ser un tesoro de iniquidad el cual se recogió con la iniquidad del corazón. De esta manera hay una libertad para recoger este tesoro, de procedencia pura y limpia o por otro lado de procedencia sucia e impura.

De allí que cada uno puede empezar a recoger para obtener un tesoro en su corazón, la calidad de este radicará en la forma de conseguirlo. Por tanto busquemos un tesoro de bondad para que salga bondad del corazón y no iniquidad. Oh madre bendita enséñanos a construir nuestra casa sobre la roca, enséñanos a recoger un tesoro limpio y puro que te agrade a ti y que tu seas la gestora de nuestra construcción y nuestro ahorro. Que tú seas la contadora de nuestra alma y la arquitecta que direccione nuestro rumbo hacia Cristo.

¡A ti madre querida, enséñanos a amar!
“Ad Maiorem Dei Gloriam per Mariam”

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