28 marzo, 2013

Dos cosas...

Evangelio: Juan 13,1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: "Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?" Jesús le replicó: "Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde." Pedro le dijo: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo." Simón Pedro le dijo: "Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dijo: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos." Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios."
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis."
Hay dos cosas que me impactan de este evangelio, la primera es que Pedro por obvias razones no quiere que Jesús le lavara lo pies pues se siente indigno, sin embargo cuando el Señor responde "no tienes nada que ver conmigo" me imagino que Pedro pensó en sus adentros "no, yo quiero tener todo que ver con Cristo desde la punta de cada cabello, hasta la punta de las uñas de los pies" y por eso creo le dijo "no solo los pies sino también las manos y la cabeza" porque quería involucrarse completamente con el Señor, y tanto lo hizo que murió pronto y de una manera muy similar, por eso supongo que dependiendo de cuanto nos involucremos con el Señor así mismo sera el momento de nuestra muerte muy similar. y la segunda cosa que me gusta mucho es "estáis limpios, aunque no todos" por mucho que queramos esconder nuestro rostro lleno de terror por el pecado no hay nada que quede oculto ante los ojos de nuestro Señor, y aunque conoce lo perverso que es nuestro corazón y las muchas malas intensiones que tiene o ha tenido, sigue en la búsqueda de nuestra salvación, y nos ama con un amor infinito, lleno de misericordia, porque aunque Judas no estaba limpio la misericordia de Jesús jamas fue menor por el que por los demás y así por todos y cada uno de nosotros.
Todo por la inmaculada, nada sin ella. 


27 marzo, 2013

El profundo amor de nuestro Señor

Evangelio: Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? El contesto: Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos".
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Ellos consternados se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor? El respondió: El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo el Hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¡Soy yo acaso, Maestro? El respondió: Así es.
Trato de profundizar en el corazón de Cristo para ver mas allá de lo que logra ver mi pobre humanidad
,   imagino que en ese momento el corazón sacratisimo, quiso recibir del cielo algún consuelo, por lo menos su parte humana, e imagino también que no teniendo otro corazón mas humilde y amoroso que el de su santísima Madre, busco la oportunidad de unirse a María en ese instante para recibir de su mirada amorosa la fuerza para hacer la voluntad de su Padre, para montarse en un madero por amor a cada ser humano tan inmensamente amado por Dios.Judas toma la decisión de vender a Cristo, y con hipocresía sin saber todavía lo que hacia tiene la osadía de preguntarle ¿maestro seré yo? seré yo quien te entregue? seré yo quien te de la espalda? seré yo quien te eche al olvido? demas que al ver esto el Señor se moría de dolor por dentro por que uno muy amado de su corazón lo iba a dejar solo, se iba a apartar de e, y. aun así no dijo nada, imagino que su mirada penetrante si dijo mucho, no solo a Judas el que lo aba a vender, sino a cada uno de los apóstoles  que solo guardaban silencio por fuera, cuando por dentro se cuestionaban y pensaban, tal ves  muchos ignorando que el temor los iba a obligar a no acompañar a Jesús en su mayor prueba de amor. Cuando, donde, como, decides hacer esto por mi?
Todo por la inmaculada, nada sin ella.

26 marzo, 2013

Amor-Dolor

Evangelio: Juan 13, 21-33. 36-38


En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces el, apoyándose en el pecho de Jesús, le pregunto Señor: ¿quién es?
Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él (Si Dios es glorificado en el, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará).
Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contesto: ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.
Jesús se conmueve, viendo a sus consagrados dándolo todo en la batalla aunque no siempre salen victoriosos, y aunque parece inútil pelear por que se esta arrastrado, golpeado y  falto de armadura, la compasión de Cristo llega hasta nuestro lugar de batalla, para dejarnos reposar la cabeza en su pecho y así poder descansar y despojarnos de todo lo que nos ha dejado esta batalla. Cuando mas lloramos y sufrimos, es cuando mucho mas somos consolados por el corazón de Cristo, allí somos mas hombres, mas hijos, mas madres, mas hermanos, mas amigos, mas Cristos, uniéndonos al corazón de nuestro queridisimo Jesús.
Ahora que nos encontramos en las vísperas de la muerte de nuestro Señor, medito que aunque su dolor es grande, este no le impide dejarnos recostar en su pecho traspasado, y no le impide abrazarnos con sus brazos flagelados, por que aunque este dolor es grande el amor que siente por cada uno de nosotros es una mas grande e inigualable. esto me deja la esperanza que en lo profundo de mi corazón hay una herida causada por ese abrazo en los momentos de prueba.
Todo por la inmaculada, nada sin ella.

22 marzo, 2013

Amor hasta la cruz

Evangelio según San Juan 10,31-42.
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?".
Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios".
Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?
Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre".
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.
Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.
Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad". Y en ese lugar muchos creyeron en él.
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La fe se manifiesta por las obras y sin las obras la fe es una fe muerta. Jesús demostró su divinidad haciendo las obras del Padre, pero estas obras no fueron asimiladas por los judíos. Pedían más señales, querían ver cosas portentosas; pero ver a un Jesús que practicaba perfectamente la ley y le daba su auténtico sentido, ver a un Jesús que resucitaba muertos, curaba enfermos, sanaba las dolencias, expulsaba demonios no era señal suficiente.
Siempre se ha dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y este es el caso de los judíos que no querían ver la verdad sobre Jesús. Jesús es Dios no porque lo haya dicho, sino porque se comportó como Dios y amó como Dios. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y ese es Jesús. Nadie ama hasta el extremo de entregar absolutamente todo por todos y no sólo por los más cercanos. Nadie ama como Dios y ese amor es inigualable en la Persona de Jesús.
¿Por qué seremos tan duros de corazón?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

21 marzo, 2013

La verdad vs la razón

Evangelio según San Juan 8,51-59.
Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".
Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'.
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?".
Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría".
Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?".
Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy".
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.
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La verdad no la tiene el que tiene autoridad o poder sino el que tiene la verdad. Esto suena raro, pero es verdad (y no es un juego de palabras). Nosotros solemos dar la razón al que tiene el poder para tenerla y no al que verdaderamente la tiene. Me explico: un mandatario tiene "la razón" por ser mandatario y no por tener la razón. Una mayoría tiene "la razón" por ser mayoría y no por tener la razón. Un científico de renombre tiene "la razón" por gozar de un gran respeto mas no por tener la razón.
Todo el tiempo nos estamos enfrentando a las "razones" del mundo versus la verdad. Entre la razón y la verdad hay un gran abismo, porque la primera parece ser fruto del consenso y de la conveniencia y la segunda es cuestionada en su existencia.
¿A qué voy con todo esto? a que Dios, fuente de la Verdad, se encarnó en la Persona del Hijo Jesucristo, y vino a traer el mensaje de Paz y el anuncio del Reino de los Cielos, pero no fue escuchado y fue cuestionado. La Verdad que nos trajo Jesús no fue aceptada porque no atendía a los intereses particulares de los que tenían el poder y el dominio sobre los demás. Es por eso que son dichosos los pobres y los sencillos porque de ellos es el Reino de los cielos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

20 marzo, 2013

De la esclavitud de los esclavos a la esclavitud de la vida moderna

Evangelio según San Juan 8,31-42.
Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres".
Ellos le respondieron: "Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: 'Ustedes serán libres'?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes.
Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre".
Ellos le replicaron: "Nuestro padre es Abraham". Y Jesús les dijo: "Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre". Ellos le dijeron: "Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios". Jesús prosiguió:
"Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.
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Este evangelio es muy interesante porque presenta a Jesús hablándole muy duro a los fariseos que habían creído en él. Y si así le habla a los que creían, ¿cómo sería con los que no creían?
Dijo Jesús a los fariseos: "La verdad os hará libres"
Respondieron los fariseos: "¿Cómo vamos a ser libres si no somos esclavos de nadie?"
Exactamente lo mismo está preguntando nuestro mundo: ¿Cómo vamos a ser libres si no somos esclavos de nada ni de nadie? somos una sociedad "libre" que no tiene reglas ni preceptos qué seguir, entonces ¿para qué creer en Dios?". 
No hay nada más falso que esto. Estamos ante una sociedad que cada vez se gloría más de haber abolido la esclavitud formal sin darse cuenta de que ha caído en la esclavitud informal y oculta mucho más agresiva.
- Ya no hay personas vendidas y compradas como esclavos o animales de trabajo, pero sí existe una concepción del sexo cosificante del otro que lleva a considerar al otro como un objeto.
- Ya no hay barcos cargados con esclavos africanos que viajan del antiguo mundo al nuevo, pero sí hay miles de inmigrantes que asolan los países primermundistas porque en su tierra no hay más oportunidades.
- Ya no hay cadenas atadas a los esclavos que pertenecen a sus dueños, pero sí hay cada vez más cadenas que atan a los adictos a las drogas, a los jóvenes al sexo desordenado, a las familias a un televisor o un dispositivo electrónico, a 1000 millones de personas al facebook y a la humanidad entera al pecado.
¿Será que no necesitamos ser liberados?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

19 marzo, 2013

María en tu casa

Escultura de la Virgen María en Nueva York tras el paso del huracán Sandy.
Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
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"No tengas miedo de llevar a María contigo", le dijo el ángel a José. A veces tenemos miedo de acudir a María y llevarla a nuestra casa porque pensamos que es simplemente una criatura humana y que, como dicen los protestantes citando al Éxodo: Dios es un Dios celoso. Pero ¿se nos olvida que quien recibe a María recibe al fruto que lleva en su vientre? "No temas recibir a Maria... porque lo que ha sido enfendrado en ella proviene del Espíritu Santo".
¿Quieres recibir el Espíritu Santo? recibe a María
¿Quieres al mismo Dios? no tengas miedo de acudir a María para encontrar a su Fruto Bendito
¿Quieres obedecer a Dios? despierta de tu letargo y escucha la voz del ángel: lleva a María a tu vida
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

15 marzo, 2013

La soberbia es la anorexia del alma

Evangelio según San Juan 7,1-2.10.25-30.
Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas, Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Algunos de Jerusalén decían: "¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es".
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: "¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió".
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.
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Nuevamente cito la frase popular: "no hay peor ciego que el que no quiere ver". Para el que no desea ver a Dios no habrá razones o signos suficientes para creer, porque todos los argumentos del mundo no pueden contra una voluntad obstinada por la soberbia. La soberbia es como la anorexia espiritual. No hay poder humano que convenza a una anoréxica de que está flaca, porque ella se ve gorda y para ella esa es la principal evidencia. Así mismo, la anorexia del alma es la que la hincha por encima de todo y de todos y no le permite ver a Dios ni a sus obras. ¿Cuál es la solución?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

14 marzo, 2013

Las obras de Jesús

Evangelio según San Juan 5,31-47.
Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría.
Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes.
Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.
Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí,
y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida. Mi gloria no viene de los hombres.
Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?
No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí.
Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?".
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Siempre se ha dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Jesús es Dios, no porque unos cuantos los digan, sino porque se comporta como Dios, hace las obras de Dios, ama como Dios, enseña como Dios, cura y sana como Dios, y, en definitiva, sus obras lo atestiguan. Todo eso sin contar que ya fue anunciado desde antiguo por boca de los santos profetas.
Jesús vino por voluntad del Padre y en el Espíritu Santo anuncia la misericordia y el perdón a todos los hombres. Pero, los que más deberían escucharlo, es decir, los "hombres de Dios" (escribas, fariseos, sacerdotes, etc.) no lo quisieron escuchar porque no vino a felicitarlos a ellos sino a cuestionarles su vida y su forma de pensar y de actuar. Por el contrario, Jesús vino por el pobre, por el despreciado, por el mendigo, enfermo y miserable. Jesús vino con sus obras a demostrar que el tiempo de la misericordia había llegado y es gratuito para todo aquel que se quiera acoger a ella, pero ¿cómo va a recibir misericordia quien piensa que no la necesita y se aleja de ella porque se considera a sí mismo demasiado bueno?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

12 marzo, 2013

Los problemas de ser curado

Evangelio según San Juan 5,1-16.
Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?". El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes". Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina".
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla".
El les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'". Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'". Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.
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Es muy interesante que en aquella piscina había muchos enfermos, ciegos y lisiados, pero sólo uno de ellos fue curado. Eran muchos los hombres que esperaban que se agitara el agua para lanzarse a la piscina y quedar curados (no sé por qué), pero sólo uno de ellos fue auxiliado por el Señor.
Jesús se acercó a aquel desdichado que llevaba 38 años postrado y le pregunta si se quería curar. 38 años es toda una vida y podríamos pensar que ser curado después de tanto tiempo sería un alivio, pero pensándolo bien también sería un problema. ¿Qué hace uno después de 38 años de mendigar y vivir de la caridad de las personas? ¿Qué se pone a hacer alguien en esas condiciones si lo más seguro es que no sabe hacer nada diferente a pedir?
Muchas veces he visto en mi ciudad personas que no quieren ser curadas de sus enfermedades porque saben que si las curan no podrán mendigar más, y entonces ¿de dónde sacarían dinero si la gente ya no les tendría lástima porque estarían saludables? lo mismo podríamos pensar de aquel hombre que fue curado por Jesús, ¿quería ser curado? Jesús se lo pregunta y él responde que sí quería la salud. Jesús lo sana y le manda a que cargue con su camilla (señal de que estaba enfermo y garantía de que le darían limosna) y se vaya.
Qué interesante ver a un Jesús que reconstruye la vida de esta persona y que lo cura a pesar de lo que eso significa e implica. Pero más interesante es ver a aquel enfermo que encuentra el consuelo de Dios y que a pesar de sus miedos y de la incertidumbre del futuro acepta la salud que Dios le ofrece.
¡Y tú, quieres ser curado!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

10 marzo, 2013

La parábola del "hermano envidioso"

Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".
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Esta parábola es llamada por muchos como la "parábola del hijo pródigo"; otros la llaman "la parábola del padre misericordioso". A mí me gusta pensar en "la parábola del hermano envidioso" ¿por qué? porque la parábola es contada para los fariseos y escribas que estaban celosos porque Jesús comía con pecadores y publicanos.
En esta parábola, obviamente, el padre y el hijo son el punto central de la historia y en ella se trata de recalcar el amor misericordiosísimo del padre que espera contra toda esperanza y que perdona todas las faltas; mas es la actitud del hermano mayor la que se recalca en la parábola porque no quiso aceptar el perdón del padre al hermano menor y tampoco quiso disfrutar de la fiesta que se le celebró.
¿Qué tiene que ver esta parábola con nosotros? Que somos como los hermanos mayores que siempre le estamos reprochando a Dios que no nos da lo que quizá le ha dado a los demás. Que somos como esos hermanos mayores que pensamos que por ser "buenos" y por que no matamos, robamos, abortamos o cometemos grandes pecados ya tenemos garantizado el Reino de los Cielos. Que somos como ese hermano mayor que pensamos que nosotros somos los mejores y que todos se debe doblegar ante nosotros porque somo "intachables". Que somos como ese hermano mayor que está lleno de soberbia y de egoísmo, que no es capaz de comprender el amor misericordioso y desinteresado del padre.
Esta parábola nos enseña que "los hijos pródigos" de este mundo entrarán más fácilmente en el Reino de los Cielos que los que nacimos en la religión y tenemos muy claro cuál es nuestro papel como católicos.
Esta parábola nos enseña que "los hijos pródigos" de este mundo entrarán más fácilmente en el Reino de los Cielos que los que estudiamos para ser sacerdotes, o que los clérigos mismos, que muchas veces nos podemos creer los dueños del Espíritu Santo.
Esta parábola nos enseña que nosotros, los hermanos mayores, debemos aprender del Padre a ser misericordiosos y no sólo justos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

09 marzo, 2013

Visita médica por enfermedad desconocida

Evangelio según San Lucas 18,9-14.
Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
"Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
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El gran peligro del que está en los caminos de Dios es creerse bueno. Esta tentación es tan antigua como el mismo hombre y la vemos patente en los apóstoles. Pareciera que ellos olvidaron sus orígenes y por eso Jesús en varias ocasiones les habló de ser los últimos y de hacerse como niños. Igualmente pasó con los fariseos y escribas, con los paganos, con los que creían en Dios y los que no creían en Él. Esta tentación de creerse bueno afecta a todos los hombres de todos los rincones del mundo en todas las épocas: los filósofos, los deportistas, los científicos, los ricos, los pobres, los feos y los lindos. Nadie puede librarse de esta tentación.
Esta enfermedad llamada soberbia no tiene cura conocida y es, incluso antes que el estrés, la enfermedad más recurrente. Todos somos portadores de ella. A pesar de ser inmune a todas las vacunas, incluso el bautismo, este mal se puede controlar si se toman las precauciones necesarias: ayuno, oración y limosna. Resalto especialmente la oración, porque en ella Dios nos recuerda constantemente que debemos alejarnos de las tentaciones de soberbia y debemos atacar sus pequeños brotes que son altamente contagiosos y agresivos. La meditación constate de la Palabra de Dios tiene un efecto benéfico sobre el paciente y ayuda considerablemente a controlar la soberbia.

Medicación:
1. Ante todo es necesario una dosis de confesión cada treinta días por lo menos. En casos de malestar general y de presentarse la soberbia en un brote agresivo se debe asistir al confesionario de inmediato.
2. Tomar de dos a tres dosis de Palabra de Dios al día. Se recomienda asistir a la Eucaristía todos los días habiendo leído y asimilado el evangelio del día correspondiente previamente para lograr un mayor efecto.
3. Comulgar en la Santa Misa mínimamente cada ocho días en domingo. Se recomienda la dosis completa de comunión diaria.
4. Lectura constante de libros espirituales. Se ha comprobado que esta lectura, especialmente la vida de santos o sus escritos, produce una reducción acelerada y efectiva de la soberbia en el torrente sanguíneo. Se recomienda la lectura diaria.

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