"Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos"
29 junio, 2013
Quien soy?
"Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos"
19 junio, 2013
Papá Dios
Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18
"Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará"
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."
18 junio, 2013
Todo por el todo de Dios.
"Amad a vuestros enemigos"
17 junio, 2013
Tú, tu mayor enemigo
Evangelio: Mateo 5,38-42
"Yo os digo: No hagáis frente al que os agravia"
16 junio, 2013
Mucho me ha perdonado...
"Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor"
Jesús tomó la palabra y le dijo: "Simón, tengo algo que decirte."
Él respondió: "Dímelo, maestro."
Jesús le dijo: "Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?"
Simón contesto: "Supongo que aquel a quien le perdonó más."
Jesús le dijo: "Has juzgado rectamente."
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama."
Y a ella le dijo: "Tus pecados están perdonados."
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: "¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?"
Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz."
Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
15 junio, 2013
Solo Él
"Yo os digo que no juréis en absoluto"
14 junio, 2013
Intención...de corazón
"El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero"
13 junio, 2013
Ir mas allá de lo literal
"Todo el que esté peleado con su hermano será procesado"
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último cuarto."
12 junio, 2013
El cumplimiento de la ley
"No he venido a abolir, sino a dar plenitud"
11 junio, 2013
Hay que predicar aunque ya no se quiera
EVANGELIO
Mt 10, 7-13.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo
Id y predicad diciendo que el Reino de los Cielos está al llegar. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, arrojad a los demonios; gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente. No llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el que trabaja merece su sustento. En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella digno; y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en una casa dadle vuestro saludo. Si la casa fuera digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no fuera digna, vuestra paz revierta a vosotros.
Aunque es muy duro para cada cristiano poner los pies sobre cada una de sus realidades, es necesario que sepa que todas estas, son solo cosas secundarias y que la principal realidad que tiene la vida de un cristiano es que debe ser ejemplo para sus hermanos y predicador para todo aquel que desear seguir la vida intachable de nuestro Señor.
Muchas veces el "cansancio" aparentemente gana, pero llega el Amor q todo lo puede y hace a un lado todo lo que nos aparta de ser Biblias andantes, transformandonos en los predicadores de los ultimos tiempos.
Todo por la inmaculada, nada sin ella.
10 junio, 2013
Las Bienaventuranzas no se pueden entender sólo con la inteligencia humana: el Papa el lunes en Santa Marta
Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor.
Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:
«Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando por cau sa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias.
Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.
¿Qué cosa es la consolación para un cristiano? El Obispo de Roma inició la su homilía observando que San Pablo, al inicio de la segunda Carta a los Corintios, utiliza numerosas veces la palabra consolación. El Apóstol de los Gentiles, agregó, “habla a los cristianos jóvenes en la fe”, personas que “han comenzado hace poco el camino de Jesús”, e insistió sobre esto, también si “no todos eran perseguidos”. Eran personas normales, “pero habían encontrado a Jesús”. Esto precisamente, afirmó, “es un tal cambio de vida que era necesaria una fuerza especial de Dios” y esta fuerza es la consolación. La consolación, subrayó Francisco, “es la presencia de Dios en nuestro corazón”. Pero, advirtió, para que el Señor “esté en nuestro corazón, es necesario abrir la puerta”, es necesaria nuestra “conversión”:
“La salvación es esto: vivir en la consolación del Espíritu Santo, no vivir en la consolación del espíritu del mundo. No, aquella no es salvación, eso es pecado. La salvación es ir hacia adelante y abrir el corazón, para que venga ésta consolación del Espíritu Santo, que es la salvación. Pero ¿no se puede negociar tomando un poco de aquí y un poco de allá? Hacer un poco como una ensalada de frutas ¿no? Un poco de Espíritu Santo, un poco de espíritu del mundo... !No! O una cosa o la otra”.
El Señor, prosiguió, lo dice claramente: “No se pueden servir a dos dueños: o se sirve al Señor o se sirve al espíritu del mundo”. No se pueden “mezclar”. He aquí entonces que, cuando estamos abiertos al Espíritu del Señor, podemos entender la “nueva ley que el Señor nos trae”: las Bienaventuranzas, de las que narra el Evangelio de hoy. Estas Bienaventuranzas, agregó, “sólo se entienden si uno tiene el corazón abierto, se entienden por la consolación del Espíritu Santo”, en cambio “no se pueden entender sólo con la inteligencia humana”:
“Son los nuevos mandamientos. Pero si nosotros no tenemos el corazón abierto al Espíritu Santo, parecerán tonterías. ‘Pero, mira, ser pobres, ser humildes, ser misericordiosos no parece algo que te lleve al éxito’. Si no tenemos el corazón abierto y si no hemos saboreado aquella consolación del Espíritu Santo, que es la salvación, esto no se entiende. Ésta es la ley para aquellos que han sido salvados y que han abierto su corazón a la salvación. Ésta es la ley de los libres, con aquella libertad del Espíritu Santo”.
Una persona, agregó Francisco, “puede regular su vida, acomodarla en un elenco de mandamientos o procedimientos”, un elenco “meramente humano”. Pero esto “a la larga no nos lleva a la salvación”, sólo el corazón abierto no lleva a la salvación. De esta forma recordó que muchos estaban interesados en “examinar” la “doctrina nueva y después discutir con Jesús”. Y eso ocurría porque “tenían el corazón cerrado en sus cosas”, “cosas que Dios quería cambiar”. ¿Por qué, se preguntó el Papa, hay personas que “tienen el corazón cerrado a la salvación?” Porque, fue su respuesta, “tenían miedo de la salvación. Tenemos necesidad, pero tenemos miedo”, porque cuando viene el Señor “para salvarnos debemos dar todo. ¡Y manda Él! Y de esto tenemos miedo”, por qué “queremos mandar nosotros”. Y agregó que, para entender “estos nuevos mandamientos”, tenemos necesidad de la libertad que “nace del Espíritu Santo, que nos salva, que nos consuela” y “da la vida”:
“Hoy podemos pedir al Señor la gracia de seguirlo, pero con esta libertad. Porque si queremos seguirlo sólo con nuestra libertad humana, al final sólo nos convertiremos en hipócritas como aquellos fariseos y saduceos, aquellos que discutían con Él. La hipocresía es esto: no dejar que el Espíritu cambie el corazón con su salvación. La libertad del Espíritu, que nos da el Espíritu, es también una forma de esclavitud, una ‘esclavitud’ al Señor que nos hace libres, es otra libertad. En cambio, nuestra libertad es sólo una esclavitud, pero no al Señor, sino al espíritu del mundo. Pidamos la gracia de abrir nuestro corazón a la consolación del Espíritu Santo, para que esta consolación, que es la salvación, nos haga entender bien estos mandamientos. ¡Así sea!" (RC-RV)
08 junio, 2013
La presentación de Jesús en el Templo
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.
Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser.
Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.
Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos.
Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda.
Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.
Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.»
El les contestó: «¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron esta respuesta.
Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.
