09 febrero, 2013
Sed de Dios
Tanta era su sed de verdad que cuando vieron y escucharon a la suma verdad no se resistieron y tuvieron que partir a su búsqueda; una búsqueda incesante, una búsqueda de muchos sincera, una búsqueda de toda la vida.
Esa semilla que Jesús planto no se murió, en algún momento con la sangre de Cristo germino.
Nosotros ahora estamos en la misma situación sedientos de escuchar a Dios de ser saciados por el, de ser sanados por el, aveces se ve imposible, pero el ojo humano no es capaz de ver lo que ve el alma con sus ojos sobrenaturales pues estos siempre están puestos en su amado Jesús.
Todo por la inmaculada, nada sin ella.
A Jesús le duelen las almas
Evangelio según San Marcos 6,30-34.
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
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Me gusta pensar en un Jesús lleno de caridad y de amor por las almas. Un Jesús que acoge con mucho cariño a sus discípulos que llegan de la misión. Un Jesús que escucha con cariño a los suyos y los instruye. Un Jesús que comparte con sus hermanos. Un Jesús que conoce bien las fatigas y cansancios del día, pero también las alegrías y triunfos del hombre.
Me gusta pensar en un Jesús que invita a sus discípulos a un lugar apartado para descansar con ellos y para instruirlos. Y que al cabo de un rato, cuando van a desembarcar en el sitio apartado y se encuentran con una multitud, no ordena que se devuelvan o que se queden en el lago lejos de la muchedumbre y del fastidio de la turba, sino que se acerca con paciencia y se pone a enseñarles a pesar del cansancio; a pesar de que ya tenían programado un rato de oraición y de silencio; a pesar de que iban a tener que "perder" todo el día con aquellas personas; a pesar de que querían estar solos.
Me encanta pensar en un Jesús que se desacomoda; que da prioridad a los demás en vez de Él; que le dedica todo el día a los necesitados. Me encanta pensar en un Jesús que tiene amor por las almas y que da todo por ellas. Me encanta pensar en un Jesús que cuida a las ovejas sin pastor.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
08 febrero, 2013
La conciencia es la mejor amiga
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".
Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".
Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
07 febrero, 2013
La misión
Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
06 febrero, 2013
No podemos permitir volvernos autoinmunes al amor de Dios
Evangelio según San Marcos 6,1-6.
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un escándalo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.
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¿Por qué Jesús no pudo hacer muchos milagros en su pueblo? ¿Antes no debería haber hecho muchos más milagros que en otras partes para que todos creyeran? A veces es raro ver cómo el Señor no actúa de la manera que esperamos, sino que incluso hace todo lo contrario a lo que nosotros haríamos.
Es muy interesante ver cómo todos se preguntaban por el poder de Jesús y llegaban a la conclusión de que no podía ser auténtico lo que veían y se escandalizaban... Es como si pensaran de la siguiente forma: O éste es divino y un gran profeta, o éste es un simple charlatán. Pero como conocían su procedencia y sus parientes simplemente optaban por escandalizarse ante los milagros porque no podía ser divino. ¿Acaso no nos pasa lo mismo a nosotros? Podríamos pensar que no, pero la verdad es que sí nos pasa.
Muchas veces vivimos "tan cerca" de Dios, tan acostumbrados a escuchar hablar de Él, tan relacionados con la historia de Jesús de Nazaret, que nada nos parece real. Los prodigios de Dios los explicamos desde la razón, el escepticismo, las posibilidades, pero parece ser que ese "conocido" Jesús no actúa en nuestras vidas. Por el contrario, quienes no están relacionados con Él muchas veces alcanzan a captar más y mejor la acción de Dios en nosotros.
¿Será que los católicos nos estamos comportando como "coterráneos" de Jesús?
Jesús es más que una bonita historia. Jesús es Dios y no podemos permitir "acostumbrarnos" a Él. No podemos dejar que la novedad de Dios marque todos nuestros días. No podemos permitir perder el amor primero. El amor a Dios hay que renovarlo todos los días, hay que cultivarlo, hay que encenderlo. No porque Dios no lo haga, sino porque nosotros nos vamos volviendo inmunes a la acción de Dios en nuestra vida.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
05 febrero, 2013
El borde del manto
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.
04 febrero, 2013
Amor y Misericordia
"Espíritu inmundo, sal de este hombre"
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: "Déjanos ir y meternos en los cerdos." Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia." El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
Nos da miedo el amor de Dios porque es demasiado grande
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!". Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu impuro!". Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". El respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos". Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: "Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos". El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó. Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio. En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti". El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.
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A veces le tememos a Jesús. Somos como aquellos niños que están tan acostumbrados a los golpes que las caricias les hacen daño. Somos como esas personas que les duele la caridad, y desconfían de ella, porque toda la vida han sido maltratados. El amor de Dios muchas veces nos desconcierta porque no soportamos tanto amor, o por lo menos no creemos que sea sincero y desinteresado. Nos es difícil creer en un Dios que ama a pesar de lo que somos, y que no nos exige nada a cambio de su amor. Por buenos o malos que seamos, Dios nos ama. Por justos o pecadores que seamos, Dios nos ama. Y no podremos hacer nada, por malo que sea, para que Dios nos ame menos.
Así mismo no podremos hacer nada, por bueno que sea, para que Dios nos ame más. Él simplemente nos ama y punto. Ese amor desinteresado y extremo de Dios nos desconcierta completamente, porque nadie en este mundo es capaz de amar de tal manera (por lo menos sin Dios). Nadie en este mundo espera ser amado así y cuando se encuentra con un Dios clavado en una cruz por ese amor absolutamente sorprendente, tiene que sucumbir a tanto amor. Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
03 febrero, 2013
Jesús no es un dios griego
Evangelio según San Lucas 4,21-30.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
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Leyendo este evangelio me puse a pensar en lo agradable que es escuchar a alguien mientras está hablando maravillas de nosotros. No hay nadie que se resista, por bueno, virtuoso o decente que sea a una conversación en la cual se le alaben sus bondades y virtudes. El ser humano no soporta la alabanza, se vuelve loco, pierde la cabeza. Así mismo, es muy desagradable escuchar a alguien mientras está hablando mal de nosotros. Son muy pocos los que se resisten, por buenos y virtuosos que sean, a una conversación en la cual se manifiesten las maldades y defectos. El ser humano no soporta la crítica, se vuelve loco, pierde la cabeza.
Lo mismo sucedió en el evangelio. Todos estaban muy contentos escuchando a Jesus hablar en la sinagoga mientras leía al Profeta Isaías. Todos estaban felices de saber que las promesas de Dios recaerían sobre el pueblo de Israel, pero cuando el Señor empezó ha hablar de la viuda y del leproso, y les dijo que eran ellos los que estaban enfermos, no soportaron más a Jesús. TODOS QUIEREN A JESUS MIENTRAS DICE COSAS CONVENIENTES, pero nadie lo quiere cuando empieza a decir cosas que no gustan. Todos buscan al Señor para que los sane, para que les haga milagros, para que les ayude en las necesidades económicas, pero casi nadie lo busca para escuchar de Él la verdad, aunque duela y aunque exija un cambio de vida.
Nuestro mundo quiere un Dios complaciente, al estilo de los dioses griegos. Nuestro mundo no quiere escuchar a Jesús porque dice cosas que no nos gustan y exige cambio de vida. Nuestro mundo prefiere a Zeus y a Poseidon que simplemente se aplacan con sacrificios y menjurjes y que son igual de caprichosos de nosotros. Nuestro mundo quiere a Dionisio y a Afrodita que garantizan el placer a sus seguidores y no exigen una vida decente y moral. Nuestro mundo se quiere a sí mismo como dios.
Jesús, por el contrario, vino a anunciar la salvación a todas las naciones. Vino a decirnos lo que queremos escuchar: que somos sus hijos y que nos ama. Pero también vino a decirnos lo que no queremos escuchar: que estamos engañados y que tenemos que cambiar de vida.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
02 febrero, 2013
La Presentación de Nuestra Señora
Evangelio según San Lucas 2,22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
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La Presentación del Señor fue cumplida según las exigencias de la Ley en el tiempo oportuno. Pero esta no fue la única Presentación del Señor.
La primera vez que Jesús fue presentando a Dios fue en el Fíat de María. En el momento mismo de la Encarnación se dio la Presentación, porque ya pertenecía totalmente a Dios por el ofrecimiento de María al Padre. De esta manera, Jesús fue presentado no en el templo de Jerusalen, construído por manos de los hombres, sino en el Templo Virgninal, construído por el mismo Dios, en el cual Cristo se hizo Sacerdote: María. Esta fue la primera presentación de Jesús, no según la Ley sino según el Espíritu.
La fiesta, segunda presentación, que hoy celebramos no es sino una manifestación visible de la gracia invisible que se dio en ese primer momento de la existencia carnal de Jesús en el seno mismo de María.
La tercera Presentación fue en la Cruz misma, donde el Padre aceptó la ofrenda de María en la que le entregó a su Hijo, ya no en el su Templo Virginal, sino en el Sacrificio mismo del Madero.
Las tres presentaciones no son diferentes, sino un mismo acontecimiento manifestado en tres momentos.
Gloria a la Inmaculada.
01 febrero, 2013
La intercesora
"Echa simiente, duerme, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo"
Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado
La ventaja de tener una verdadera devoción a la virgen inmaculada y auxiliadora es que es difícil que la soberbia descubra en el alma los frutos de esta (aunque son abundantes) por que así como durante su vida sobre la tierra se oculto y mantuvo en silencio, también quiere hacer lo mismo con sus devotos hijos, ocultar un alma tan profundo que solo la visión penetrante de Dios pueda verla, así como la vio a ella en Nazareth cuando oraba en silencio aquella madrugada. Aunque nuestra Fe sea mínima si confiamos en esta doncella inmaculada, capaz de lograr milagros prodigiosos, obtendremos con seguridad de sus manos la gloria eterna.
"Yo" vs Dios
Evangelio según San Marcos 4,26-34.
Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra,
pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
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El Reino de Dios se parece a un hombre que echa la semilla en la tierra. No se parece sólo a la semilla (como la de mostaza) sino al hombre que la siembra. Este hombre puede estar pendiente o no de la semilla y ella por sí sola hará todo su trabajo, crecerá y dará fruto. Entonces ¿qué tiene que ver este hombre con el Reino de Dios?
El Reino de Dios no necesita que lo cuiden: una semilla se vale por sí sola para crecer.
El Reino de Dios no es un fruto del trabajo personal: es un don de Dios, porque crece de día y de noche, en el trabajo y en el descanso.
El Reino de Dios no es inmediato: tarda tiempo en germinar; tarda más tiempo en dar tallo y tarda mucho más tiempo en dar fruto.
El Reino de Dios es... ¿qué es el Reino de Dios? Es el reinado de Dios en nuestra vida. Dios que quiere gobernar nuestro corazón porque el lo gobierna mejor que nosotros. El Reino de Dios es darle paso al Señor para que guíe nuestros pasos. El Reino de Dios es Dios que quiere lo mejor para nosotros. Pero para que ese Reino se dé primero hay que derrocar al falso gobernante que está usurpando su puesto: nosotros.
Nosotros somos como un país que tiene como legítimo rey a Dios, pero su trono está ocupado por un impostor llamado "yo". Hasta que ese "yo" no acepte a Dios como su Rey y le ceda el paso, todo aquel país estará en crisis y tenderá a la ruina, no porque "yo" sea malo, sino porque es muy bruto y no sabe gobernar...
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.



