31 marzo, 2014

¿Y por qué no... ser sólo de Jesús?

Evangelio según San Juan 4,43-54.
Jesús partió hacia Galilea.
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: "Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen".
El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera".
"Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía.
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
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A veces se cae en la tentación de acostumbrarnos a Jesús y verlo como alguien más. A veces nos acostumbramos a rezar, a ir a Misa de vez en cuando y a escuchar hablar del Señor. Pero de ahí a que vivamos a Jesús y lo sintamos parte de nosotros y recordemos quién es, hay mucho trecho.
A veces Jesús no es más que un aviso más en nuestro directorio telefónico mental:

"¿Tienes problemas económicos? no dudes en llamarme: Jesús"
"¿Desamores o fracasos? Llámame: Jesús"
"¿Siente dolores fuertes, malestares, calambres o depresiones? Soy Jesús: espero tu llamada"

Pero, ¿Jesús es simplemente eso? No, Jesús es Dios, el Rey, el Señor. ¿Por qué no nos enamoramos de Jesús locamente? ¿Por qué tenemos que ver grandes prodigios (adicionales) para creer unos instantes en Él? ¿Por qué no le entregamos nuestra existencia de manera definitiva desde este momento? ¿Por qué no decirle que sí? ¿Por qué no ser sacerdote, religioso o esposa de Jesús?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

30 marzo, 2014

Ciegos

Evangelio según San Juan 9,1-41.
Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".  "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego,
diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?". Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo".
Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?". El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo".
Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.
Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?".
Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta".
Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.
Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".
"Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo".
Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?".
El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?".
Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este".
El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.
Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada".
Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?".
El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?".
Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando".
Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.
Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven".
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?".
Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".
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No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los fariseos no quisieron reconocer a Jesús como aquel que había curado a aquel hombre ciego de nacimiento. No les bastó el doble testimonio del ciego; no les bastó el testimonio de los papás del ciego; no les bastó el testimonio de la comunidad. Además, los hechos eran demasiado obvios. Sin embargo, ellos no pudieron "encontrar la razón" por la cual el ciego podía ver. Jamás se les pasó por la cabeza la idea de que estaban equivocados y que Jesús había hecho tal milagro. Jamás pudieron darse cuenta de que ese hombre al que perseguían era un profeta.
¿Pero por qué? porque si reconocían a Jesús entonces tendrían que admitir que se habían equivocado y eso es imposible porque alguien lleno de soberbia jamás reconoce su error, y "por eso decían "vemos" y su pecado permanecía".
¡Qué fácil es caer en esta tentación! ¡Qué fácil es creer que siempre tenemos la razón! ¡Qué fácil es pensar que los demás se equivocan y la razón siempre está de nuestro lado!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

25 marzo, 2014

Hermosa María

Evangelio según San Lucas 1,26-38.
En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".
María dijo al Angel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".
El Angel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios".
María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Angel se alejó.
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Dios decidió nacer de una simple mujer de Israel. El Rey de reyes y Señor de señores quiso hacerse hombre naciendo de una simple niña. El que no pueden contener los cielos fue contenido por el vientre de María.
María es el Templo santo en el que Cristo se hizo Sacerdote. María es aquella que atrajo sobre sí todas las bendiciones debido a su humildad y hermosura. Dios se enamoró de su creación y en su creación se hizo hombre. El creador nace de la creatura ¡qué misterio tan grande!
María es tan bella y humilde que Dios se enamoró de ella y se casó con ella. De ella nació el mismo Dios y se convirtió así en Madre, Hija y Esposa.
¡Sólo pensar en María ya causa paz y dulzura en el corazón!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

24 marzo, 2014

Si Dios fuera Zeus... ¡todo sería tan cómodo!

Evangelio según San Lucas 4,24-30.
Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
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Nadie es profeta en su propia tierra porque siempre lo que viene de lejos es más fácil de creer. Las noticias, las personas, las doctrinas ajenas, novedosas, siempre son más apetecibles por todos nosotros. Pero pretender que ese niño que vimos crecer, hijo del carpintero, hijo de María, es Dios, es muy difícil. Pensar que Dios se haya hecho hombre no es fácil de asimilar, y entre otras cosas, no es muy cómodo.
Creer que Dios es alguien cercano, familiar, que ha estado con nosotros toda la vida, y estará con nosotros hasta el final, es difícil de creer.
A veces sería más fácil creer en un Dios que vive en el Olimpo, lejos de nosotros, desentendido de nosotros, demasiado ocupado en sus asuntos divinos como para pensar en nosotros. Si fuera así, sería más fácil todo, porque Dios no se meterían en nuestros cosas.
Pero la realidad es otra. Dios es cercano y familiar. Se hizo uno de nosotros para que nosotros nos hagamos uno con Él. Dios no está en el Olimpo, está en todas partes, pero de manera especial en el que sufre, en el enfermo, en el hermano, en el otro. Eso tiene una implicación moral muy grande: ESTAMOS OBLIGADOS a amar al otro porque es imagen y semejanza de Dios, porque es Dios quien lo creó y lo ama y porque así nos lo ha mandado. Sería más fácil que Dios fuera Zeus y no tuviéramos que amar a nuestro prójimo, pero la verdad es que Zeus no existe y es La Santísima Trinidad la que, por amor, nos ha creado y quiere que por amor nos salvemos y nos lo ha revelado todo en Jesús Dios-Hombre.

23 marzo, 2014

La fe se recibe

Evangelio según San Juan 4,5-42.
Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.
Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".
"Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?
¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?".
Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,
pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".
"Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".
Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".
La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido,
porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".
La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta.
Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".
Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.
Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo".
Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo".
En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por qué hablas con ella?".
La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
"Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?".
Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro".
Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen".
Los discípulos se preguntaban entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?".
Jesús les respondió: "Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.
Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría.
Porque en esto se cumple el proverbio: 'no siembra y otro cosecha'
Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos".
Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".
Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.
Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.
Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".
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Le fe no es una cosa autónoma que por sí misma llega a los hombres o que los hombres alcanzan por sí mismos. La fe es algo que se trasmite, que llega por medio de otro, bien sea por enseñanza, bien sea por la palabra, o por la lectura (de algo que alguien escribió), etc. La fe es un don porque se da y porque se recibe.
Con el tiempo, esa fe que se recibe empieza a dar frutos abundantes en la persona que cree hasta el punto de brotar en el corazón y echar raíces hasta hacerse una con él. De ahí que los samaritanos le hayan dicho a la mujer: "ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

22 marzo, 2014

Complete: Dios no nos llamó a ser jueces, sino ha ser...

Evangelio según San Lucas 15,1-3.11b-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".
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¿Qué diferencia al hermano mayor del padre de esta parábola? En que el hermano mayor fue justo y el padre fue misericordioso. Aquí se ven reflejadas ambas cuestiones.
Por un lado, el hermano mayor tenía toda la razón. Él no había defraudado a su padre; no había hecho lo que el hermano menor había hecho; no había malgastado el dinero ni pedido la herencia. Siembre había sido bueno, ejemplar, honesto, trabajador. En cambio, el hijo menor había sido ambicioso, derrochador, deshonesto, perezoso, había ofendido a la familia y su buen honor y había decepcionado a su bondadoso padre. SI ALGUIEN TENÍA LA RAZÓN EN ESTA PARÁBOLA ERA EL HIJO MAYOR.
Pero el padre de la parábola pareciera no ser justo, porque no paga a cada uno según se merece, sino que OLVIDA lo malo y RECUERDA lo bueno. El padre de la parábola más que justo es misericordioso porque la VERDADERA JUSTICIA es aplicar la misericordia como la han aplicado con nosotros. La verdadera justicia no es dar a cada uno lo que se merece -porque sino todos estaríamos condenados hace tiempo. La verdadera justicia es APLICAR LA VENGANZA DE DIOS: PAGAR CON AMOR el mal recibido. Es vengarse con la venganza de Jesús: rezando por los enemigos y pidiendo por su conversión, diciendo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". LA VERDADERA JUSTICIA es perdonar como hemos sido perdonados, porque antes que la justicia humana está la justicia divina que es superior.
Esta es la parábola de la misericordia que nos enseña que Dios es un padre bueno que nos tiene paciencia y que olvida lo malo y recuerda lo bueno, que perdona y nos enseña a perdonar. Sin embargo, esto no anula la justicia en sentido humano, esa de que cada cual responda por sus obras, sino que al contrario muestras cómo Dios también es justo y aplica el juicio cuando no hay arrepentimiento y regreso a la casa del Padre.
DIOS ES MISERICORDIA, pero también paga a cada uno según sus obras PORQUE ES JUSTO y si no hay arrepentimiento la justicia será impartida por cada uno al auto-excluirse del perdón del Padre.
Dios no nos llamó a ser jueces (aplicar la justicia) sino a perdonar como también hemos sido perdonados (aplicar la misericordia).
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

21 marzo, 2014

Fidelidad

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
– «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno5 Mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo."
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. "
Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron:
– «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
– «¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Palabra del Señor.

El corazon de Dios es rechazado constantemente no tanto por quienes viven en descagracia, sino por quienes nos decimos llamar hijos de Dios, son pocos los que en su experiencia personal realemente aman la gracia y desprecian el pecado.
"Señor te amamos, te bendecimos y te damos gracias, danos la gracia de permanecer fieles a tu santa y divina voluntad, aunque esta cause dolor"

Dios olvida lo malo y recuerda lo bueno

Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo".
Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos".
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.
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Menos mal Dios es Dios y no otro, porque si fuera otro, ya habría acabado con nosotros hace mucho tiempo.
Dios es Dios porque sólo Dios puede ser misericordioso, olvidar lo malo y recordar lo bueno, pagar a cada uno, no según sus obras, sino desde la misericordia, porque si Dios nos pagara según lo que cada uno merece, entonces estaríamos perdidos todos.
Si Dios nos alimentara según nuestras obras, ya habríamos muerto de hambre.
Si Dios nos calentara según nuestras obras, ya habríamos muerto de frío.
Si Dios nos diera afecto según nuestras obras, ya habríamos muerto de soledad y de tristeza.
Porque dentro de nosotros algo no anda bien. Dentro de nosotros hay cavernas y oscuridades bastante tenebrosas. Dentro de nosotros hay una división que nos hace hacer lo que no queremos y omitir lo que queremos. Dentro de nuestro corazón hay mucha falta de Dios, y si no fuera por el mismo Dios que nos tiene misericordia y paciencia, ya no existiríamos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

19 marzo, 2014

¡Es impresionante saber que se puede ser tan santo siendo tan sencillo!

Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado.
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¡Es impresionante saber que se puede ser tan santo siendo tan sencillo! No hizo milagros, no recorrió el mundo predicando, no fue sacerdote o monja, no escribió nada... sólo hizo lo que tenía que hacer... y es más santo que todos los demás.

La fe de José tuvo que ser muy grande para creer lo que el Ángel le dijo y hacer lo que el Señor le pidió. En la Iglesia se habla de José como varón prudente y justo, modelo de justicia y de templanza. No es para más, porque si Dios escogió a María como esposa, tuvo que escoger a un santo hombre como padre.
En José, Dios depositó sus dos más grandes tesoros, su Hijo y su Madre-Hija-Esposa. Uno no confía sus hijos a cualquiera sino a alguien en quien verdaderamente se puede confiar.
Dios dotó de tantas virtudes a José que fue elegido para ser el custodio del Redentor. Defensor de la redención, porque en sus manos estaba el mismísimo Dios y tuvo que huir con él a Egipto.
San José fue un hombre humilde y casto, silencioso (porque no habla ni una sola Palabra en la Sagrada Escritura) y honesto.

San José, que tu poder se extienda sobre todas nuestras necesidades. 
Tú puedes hacer posible lo que parece imposible. 
Protege con paternal amor todas nuestras familias e intereses. Amén

San José, Padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo 
y verdadero Esposo de la Santísima Virgen María, 
ruega por nosotros y por los agonizantes de esta noche. Amén.

San José, varón Prudente y Justo, 
intercede por nosotros ante el Santo de los Santos, 
la Trinidad Santísima. Amén.


18 marzo, 2014

¿Grande o pequeño?

Evangelio según San Mateo 23,1-12.
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
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Ser servidores, eso es a lo que nos llama Jesús. No nos llama a grandes aspiraciones, puestos u honores, sino al servicio. El servicio es salir de sí mismo y darse a los demás. El servicio es ponerse a la orden del otro, hacerse pequeño, no ensalsarse, ver al otro como es y no por debajo de uno.
En cambio el mundo constantemente nos está llamando a pasar por encima de los demás, a ser más grande, a crecer sobre los otros, a subirse y a recibir.
¡Qué gran diferencia! mientras Dios se abaja para elevarnos, el demonio sube para hacernos perder. Mientras los hombres de Dios se hacen pequeños para dar lugar a la verdad, los hombres del mundo se hacen grandes para engañar a los demás y aparecer como importantes.
¡Dios nos llamó a servir y no a ser servidos!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

17 marzo, 2014

Perdonar

Evangelio según San Lucas 6,36-38.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».
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Jesús no nos llamó a juzgar a nadie sino a perdonar. Jesús no nos llamó a hacer juicios (por justos que sean) sobre nadie, sino a perdona. El perdón no es humano sino divino. El perdón "es injusto" porque pasa por encima de la justicia y olvida, y deja de lado las diferencias y recuerda lo bueno.
Jesús nos llamó a perdonar para poder ser perdonados.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

15 marzo, 2014

Consumirse

Evangelio según San Mateo 5,43-48.
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
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El Señor no nos manda a ser buenos sino a ser perfectos. La perfección consiste en ser aquello que Dios quiere para cada uno de nosotros, y de la misma manera que un cirio es perfecto cuando se consume, así nosotros somos perfectos cuando nos entregamos a Dios en Dio y en los demás.
La santidad no se trata de no pecar; no se trata de penitencias; no se trata de ayunos; no se trata de letras; no se trata de palabras; no se trata de ser cura o monja; no se trata de tener o no tener; no se trata de hablar o callar. La santidad se trata de una sola cosa: vivir a Jesús, como Jesús, en Jesús, por Jesús. La santidad es amar hasta que duela; salir de nosotros mismos para darnos a los demás.

¿Qué quiero, mi Jesús?...Quiero quererte, 
quiero cuanto hay en mí del todo darte 
sin tener más placer que el agradarte, 
sin tener más temor que el ofenderte. 

Quiero olvidarlo todo y conocerte, 
quiero dejarlo todo por buscarte, 
quiero perderlo todo por hallarte, 
quiero ignorarlo todo por saberte. 

Quiero, amable JESUS, abismarme 
en ese dulce avismo de tu herida, 
y en sus divinas llamas abrasarme. 
Quiero, por fin, en Tí transfigurarme, 
morir a mí, para vivir tu vida, 
perderme en Tí, JESUS, y no encontrarme.

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