19 abril, 2013

Eucaristía, fármaco de Inmortalidad (2)

Evangelio según San Juan 6,52-59.
Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?»
Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.
Así habló Jesús en Cafarnaúm enseñando en la sinagoga.
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El Cuerpo y la Sangre de Cristo nos dan la vida eterna. Quien coma de su Cuerpo y beba de su Sangre no morirá jamás. Pero no se trata de comer por comer ni de beber por beber, sino que al comer nos hagamos uno con Él en la voluntad y en la caridad por la unión de su Cuerpo Eucarístico con nuestro cuerpo portal y por la unión de nuestra voluntad a su Voluntad, es decir, que vivamos verdaderamente a Cristo en nuestras vidas y seamos como Él.
La Eucaristía es definida por San Ignacio de Antioquía como "fármaco de inmortalidad, antídoto contra la muerte", y quien se alimente de ella tendrá la vida eterna.
Gracias Señor por quedarte en el Santísimo Sacramento del Altar y por regalártenos todos los días.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

18 abril, 2013

Eucaristía, fármaco de inmortalidad

Evangelio según San Juan 6,44-51.
Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza.
Pues por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.
En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»
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¿Quién de nosotros no ha escuchado una historia de caballeros que buscaban grandes tesoros para no morir nunca o para curar cualquier enfermedad? Esta búsqueda de poder y de vida eterna siempre ha estado presente en el hombre. La idea de la muerte nos aterra y pensamos que nosotros podremos escapar de sus garras. Nadie quiere morir, todos queremos la salud, todos buscamos prolongar nuestra vida. La idea de que hoy estamos y mañana no, nos quita el sueño y nos estremece las entrañas. Si existiera la posibilidad de encontrar un fruto o un objeto que nos garantizara la inmortalidad seguramente la mayoría de nosotros estaría dispuesto a trabajar muchísimos años con tal de encontrarla o usarla. Ningún sacrificio, por grande o costoso que fuera, sería impedimento para alcanzar esa meta. Nada en el mundo podría detenernos en la búsqueda de la inmortalidad. Pero ¿por qué no hacemos lo mismo con la Eucaristía, verdadero fármaco de inmortalidad y de vida eterna? La carne de Cristo es el Pan vivo bajado del cielo. Quien como de su carne y bebe de su sangre no morirá jamás.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

17 abril, 2013

El amor infinito sujetado por los clavos en la cruz

Evangelio según San Juan 6,35-40.
Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.
Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto.
Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»
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Jesús no pudo morir de ninguna otra forma diferente a la de la cruz, porque sólo en la cruz se puede morir con los brazos abiertos. Jesús tenía que morir así porque nadie que vaya hacia Jesús encontrará desprecio y negativa. 
Los brazos abiertos en la cruz, clavados al madero, aparte de ser un hecho histórico comprobable, son signo del amor misericordioso de Dios que acoge a la humanidad entera por medio del Hijo. Los clavos que sujetaban sus brazos son el amor infinito que nos garantiza el perdón de nuestros pecados si deseamos ser perdonados. Pero el amor auténtico, el amor al estilo divino, tiene que doler muchísimo, porque si no duele, entonces no es amor.
Brazos abiertos en la cruz, sujetados por el amor infinito de Dios, son la garantía de que todo el que se acerque a Jesucristo y crea en el Padre, tendrá la vida eterna y Cristo lo resucitará en el último día.

"Una vez le pregunté a Jesús: -¿Cuánto me amas? Y él me respondió: -así te amo. Y abrió sus brazos y murió por mí en la cruz".

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

16 abril, 2013

Hay que buscar lo que se perdió donde está y no donde queremos que esté

Evangelio según San Juan 6,30-35.
Le dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo.»
Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.»
Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.
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El corazón del hombre siempre tendrá un vacío gigante que nada de este mundo puede saciar. El corazón del hombre, como decía San Agustín, no descansará hasta encontrar a Dios. Sólo en Dios encontraremos lo que estamos buscando, que se nos ha perdido y que hemos tratado de hallar en todas partes excepto donde se perdió.
Para encontrar algo hay que buscarlo donde está y no donde queremos que esté. Nuestra corazón sufre de una terrible ausencia de amor por el pecado y buscamos la cura donde queremos encontrarla y no donde debemos encontrarla. Es por esto que el Pan que Baja del Cielo es aquel que sacia el hambre y la sed eternas. Ese Pan que baja del Cielo es el mismo Jesús que se hace alimento por medio de la Eucaristía.
Danos, Señor, a comer de ti.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

14 abril, 2013

Para pescar hombres primero hay que amar a Dios

Evangelio según San Juan 21,1-19.
Después de esto, nuevamente se manifestó Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se manifestó como sigue:
Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Na tanael, de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos tam bién nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba pa rado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.»
Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pes ca.» Echaron la red, y no tenían fuer zas para recogerla por la gran cantidad de peces.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.»
Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca —de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces.
Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red.
Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.
Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sa bes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»
Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.»
Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.
En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.»
Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme.».
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Jesús dio de comer a los discípulos que se habían empeñado en encontrar peces aquella noche. Un grupo de pescadores experimentados y veteranos no pudieron pescar ni un solo pesecillo para desayunar. Los expertos en el arte de la pesca no lograron capturar nada. De pronto, un carpintero les da una indicación y logran capturar la mayor cantidad de peces que podía soportar la red. ¡Qué paradojas las de la vida!
Aquellos pescadores fueron aleccionados una vez más por Jesús. No debían ocuparse nuevamente de las redes (como lo estaban haciendo) sino de los hombres (para lo que habían sido preparados). No debían preocuparse otra vez por el pan material, sino por entregar a todas las naciones el pan espiritual. No debían volver a su antigua vida de trabajadores sino que debían empezar una nueva como Apóstoles.
Jesús, nuevamente, desbarato los planes de estos hombres y los envía a anunciar el Reino. Es por esto que le dice a Pedro, y en él a todos los discípulos: apacienta mis corderos y mis ovejas. Pero para hacer esto, primero hay que amarlo con un amor especial, con un amor auténtico, con un amor cristiano, ese que da la vida por los demás a ejemplo del Maestro.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

13 abril, 2013

En medio del mar, donde nadie llega, ¿tiene sentido esperar a Jesús?

Evangelio según San Juan 6,16-21.
Al llegar la noche, sus discípulos bajaron a la orilla y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a Cafarnaúm. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, y empezaban a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba.
Habían remado como unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto. Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo.»
Quisieron subirlo a la barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían.
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Cuando uno se empieza a acostumbrar a la oscuridad la luz se torna un poco molesta. Cuanto uno se empieza a acostumbrar a remar en la noche de la existencia y sin Jesús abordo, es difícil creer que Cristo venga a nuestro encuentro en medio del lago donde nadie puede llegar si no es remando. Cuando pensamos que ya no tenemos perdón de Dios porque Jesús está en la otra orilla y nosotros estamos lo suficientemente alejados de Él por el pecado y por estar inmersos en el mundo, es difícil creer que el mismo Cristo camine sobre las aguas y llegue allí donde nadie lo espera.
¿Será que nos está pasando como a los discípulos, que están en medio del lago sin esperanza de ver a Jesús?
¿Será que nos asustamos cuando vemos llegar al mismo Dios al mar de nuestra vida donde pensamos que no iba a llegar?
¿Será que creemos que estamos a salvo de ser descubiertos por Dios en el interior de nuestra conciencia?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

12 abril, 2013

¿En qué se diferencia Jesús de los mandatarios populistas que dan "pan y circo"?

Evangelio según San Juan 6,1-15.
Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades.
Le seguía un enorme gentío a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos.
Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?»
Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer.
Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.»
Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?»
Jesús les dijo: «Hagan que se siente la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron.
Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazosque no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.
Al ver la señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.
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¡Qué lástima que sólo se diga que Jesús "es el profeta que había de venir al mundo" cuando le dio a comer pan a la multitud! ¡Con razón los dirigentes políticos populistas ganan tantos adeptos con pan y circo! creo que eso lo aprendieron en el evangelio cuando leyeron este relato..
Jesús sólo empezó a ganar popularidad de rey cuando le empezó a dar pan al pueblo. Sólo allí la gente lo empezó a mirar como un verdadero profeta porque a la gente le importa más el estómago que el alma.
Es más importante tener la barriga llena que el alma en paz. Es más importante tener saciada el hambre que preocuparse por la salvación eterna.
Y justamente en este momento, es cuando Jesús huye al monte solo, porque no es este el reinado que vino a traer ni que quiere tener. No es un reinado de masas ni de multitudes, no es un reinado de popularidad y alabanzas, sino un verdadero reinado en el corazón del hombre.
¿Y yo, cómo sigo a Jesús? ¿como el rey que me da pan y hace "prospera" mi vida porque le doy el diezmo a un pastor? ¿o lo sigo porque es el rey del mundo y quiero que habite en mí por medio de la caridad para alcanzar la salvación eterna que me ofrece al llevar mi cruz con Él todos los días de mi vida?
Yo no sé tú, pero yo quiero seguir al Buen Jesús en el seno de la Iglesia Católica, instituida por Cristo, para nacer de nuevo por medio del Espíritu y entrar en el Reino de los Cielos.
Todo por la Inmaculsda, nada sin Ella.

10 abril, 2013

El Juicio, después de la muerte, es un Dogma de fe. ¿Cómo será?

Evangelio según San Juan 3,16-21.
¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.
Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.»
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Es un dogma de fe la existencia del Juicio. La Iglesia nos enseña que después de la muerte viene para el hombre el Juicio particular dónde dará cuentas a Dios de toda su vida.
Esta imagen del Juicio particular siempre ha sido usada para asustar a las personas y para recalcar la justicia de Dios. Pero, ¿cómo será el Juicio? ¿Nos encontraremos con un Jesús Patócrator (de ceño fruncido) con una espada en su mano lista para ser descargada sobre los juzgados?
Este evangelio nos habla un poco del Juicio que viviremos. Ese día seremos juzgados por nuestras propias acciones y nuestra propia conciencia. Seremos nosotros mismos los acusadores ante la misericordia de Dios, porque ante la luz del amor de Cristo y de su misericordia nuestros pecados se harán más claros. Ante la bondad del amor de Dios nuestra infidelidad se hará más notoria. Ante la luz de Cristo nuestra oscuridad se hará más evidente. El día del Juicio particular seremos acusados por nuestra propia conciencia que revelará los designios más profundos y las intenciones más ocultas. Ese día nos encontraremos con un Jesucristo misericordioso que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y se salve, pero también nos veremos tal cual fuimos en este mundo y seremos tentados para no acogernos a esa misericordia infinita de Dios.
Ese día, donde no se puede mentir ni ocultar las cosas, veremos cuánto hemos amado y cuánto dejamos de amar, y ante el amor extremo de Dios eso será motivo de condenación para muchos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

09 abril, 2013

Para volver a nacer se necesitan nuevos padres, Dios y la Iglesia

Evangelio según San Juan 3,7b-15.
No te extrañes de que te haya dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba”.
El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»
Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?»
Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Is rael, y ¿no sabes estas cosas?
En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo?Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre.
Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna.
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Todos hemos nacido de una mujer según la carne, pero no todos hemos nacido según el Espíritu, o mejor dicho, no todos hemos nacido según la fe. Para nacer según el espíritu es necesario ser "dados a luz" por el espíritu de Dios, ya no por la unión carnal de nuestros padres sino por la unión de nosotros con el mismo Dios. Nacemos de nuevo cuando nos hacemos hijos de Dios, hermanos entre todos y herederos del Reino, y para ello es necesario el bautismo. 
Nadie puede heredar la salvación eterna si no se hace hijo de Dios por propia convicción (independientemente de su credo). Para ello es necesario vivir según los dictados de la conciencia y la caridad, pero de una manera especial, los bautizados aceptan a Dios como Padre de una manera solemne y consciente, y se hacen hijos de Dios para renacer en el espíritu.
Para volver a nacer es necesario volver a tener un padre y una madre, pero ya no carnales sino espirituales. Dios como Padre y la Iglesia como madre nos dan la posibilidad de volver a nacer cuando los aceptamos por la fe y les obedecemos como hijos necesitados.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

06 abril, 2013

Jesús es Dios

Evangelio según San Marcos 16,9-15.
Jesús, pues, resucitó en la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.
Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban.
Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no le creyeron.
Después Jesús se apareció, bajo otro aspecto, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito.
Volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron.
Por último se apareció a los once discípulos mientras comían, y los reprendió por su falta de fe y por su dureza para creer a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación.
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Siempre me ha parecido muy significativo y hasta hermoso el hecho de que Jesús se le apareció primero a las mujeres y no a los más cercanos. Jesús no se le apareció a toda la ciudad de Jerusalén ni a los romanos ni a los sacerdotes judíos. Jesús no se le apareció a Pilato ni a Anás ni a los Fariseos, y esa es precisamente una de las razones por las que podemos creer en Jesús como Dios, porque actúa como tal y no como los hombres. ¿Quién de nosotros, después de resucitar, no se le hubiera aparecido primero a sus enemigos? ¿Quien de nosotros no se hubiera aparecido primero a los que lo insultaron, escupieron o tentaron con sus burlas? ¿Quién de nosotros no se le hubiera aparecido a todo el pueblo de Jerusalén?
Sin embargo Jesús se le apareció primero a las que menos credibilidad tenían: las mujeres. Se le apareció primero a los discípulos menos importantes: los discípulos de Emaús. Después se le apareció a los discípulos  y finalmente a todo el pueblo. Pero ¿por qué?
Una vez más repito algo que escuché a un sacerdote y me ha gustado muchísimo. La principal prueba de que Jesús es Dios no es que hacía milagros y prodigios, sino que actuaba como tal y no como un simple hombre.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

05 abril, 2013

El relato de "Emaús" según san Juan

Evangelio según San Juan 21,1-14.
Después de esto, nuevamente se manifestó Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se manifestó como sigue: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael, de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.»
Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.»
Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca —de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces. Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red.
Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
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No sé si me equivoco pero no recuerdo en los evangelios que los discípulos salieran a pescar después de que Jesús los llamó por primera vez y ellos dejaron todo para ir en pos de Él. Es más, el evangelio de Mateo (4, 20) dice que Pedro dejó todo y siguió a Jesús... ¿pero no pues que había dejado todo? ¿Por qué tenían todavía barcas y redes para pescar?
Podríamos pensar que los discípulos estaban intentando volver a su vida pasada antes de conocer a Jesús. Este evangelio me da la impresión de que los seguidores del Señor estaban dudosos y decepcionados.  Estaban pensando en dejar todo lo que habían logrado y por lo que habían luchado en los últimos años. Me parece ver a un Pedro desmotivado que ya no cree en el Reino de los Cielos y quiere regresar a sus peces y redes. Me parece ver a unos discípulos tomando la actitud de los de Emaús que se retiraban de Jerusalén (de la comunidad) y que no querían saber nada más de Jesús y que además de caminar con Él ya no lo reconocían.
Me gusta pensar en unos discípulos que nunca pasaron hambre considerable mientras estaban con Jesús y que ahora que salen a pescar no tienen nada qué comer. Me gusta pensar en unos discípulos que por sus propias fuerzas no encuentran peces.
Jesús se les aparece en la orilla y se hace el encontradizo, como con los discípulos de Emaús. Jesús no es reconocido hasta que ellos van hacia Él y comparten el pan. Podríamos decir que sólo en la cercanía con la Eucaristía podemos reconocer el verdadero rostro de Cristo y que al discípulo del Señor nunca le faltará nada.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

04 abril, 2013

¿Los recuerdos toman aguapanela?

Evangelio según San Lucas 24,35-48.
Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos (y les dijo: «Paz a ustedes.»)
Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu,
pero él les dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso?
Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo.»
(Y dicho esto les mostró las manos y los pies).
Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?»
Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel);
lo tomó y lo comió delante ellos.
Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí.»
Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras.
Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día.
Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan.
Ustedes son testigos de todo esto.
+++ 
Jesús se apareció a sus discípulos y comió con ellos. ¿Será que tenía mucha hambre? Cuando uno come no sólo sacia su apetito sino que comparte muchas cosas. Uno no invita a comer a cualquier persona, sino a personas especiales y en ocasiones especiales. Comer con alguien es compartir la vida. Jesús comió con sus discípulos por varias razones: Mostrar que no era un fantasma ni una "sugestión colectiva", porque una "resurrección espiritual" no come pescado asado ¿O alguien a visto a un recuerdo tomar aguapanela con quesito? ¿Por qué digo esto? porque algunas personas, entre ellos el teólogo Torres Queiruga, andan diciendo por ahí que la resurrección de Cristo no fue material (con su cuerpo) sino espiritual. Y esa tal resurrección espiritual es como una especie de recuerdo que vive en la mente de sus discípulos... Este  modo  de  interpretar  la naturaleza  del  hecho  de  la  Resurrección  no  concuerda  con  el  Catecismo  de  la  Iglesia Católica,  que  enseña  que  en  este  caso  estamos  ante  un  acontecimiento  “histórico  y trascendente”, «real con manifestaciones históricamente comprobadas».
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

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