Evangelio según San Marcos 7,1-13.
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,
y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los
fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse
antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus
antepasados;
y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las
abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están
aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de
la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas
preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con
la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos
impuras?".
El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes
Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con
los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".
Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios.
Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte.
En
cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre:
Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que
podría ayudarte...'
En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre.
Así
anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han
transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!".
+++
Definitivamente el corazón del hombre sólo lo alcanza a conocer Dios. Ni sisquiera nosotros mismo logramos entender qué pasa las profundidades del alma. Ni siquiera nosotros mismos alcanzamos a comprender por qué actuamos de cual o tal manera.
Sin embargo, esto no es razón para actuar sin pensar y mucho menos para hacer mal las cosas. Dios quiere que lo amemos profundamente y que seamos sinceros con Él. Ahora bien, ¿por qué es tan difícil ser sinceros con Dios? ¿Por qué tratamos de ocultarle, al que es la misma luz, lo que hay en las profundidades de cada uno?
A veces me pregunto: ¿qué pensará Dios de mí?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
11 febrero, 2014
10 febrero, 2014
Mira este Corazón
Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.
Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba.
En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.
+++
Si los enfermos se curaban con tan solo tocar el manto de Jesús, ¿qué pasaría si tocamos su corazón? El corazón representa el amor más profundo, la fuente de los sentimientos. Por eso Dios quiso que el Verbo se encarnara, para tener un corazón de hombre y darle así al hombre un verdadero corazón de carne. Y por esta razón, también, Jesús se ha revelado desde el evangelio de Juan, y a lo largo de la historia, con su corazón ardiendo.
Si nos acercáramos a ese corazón en llamas quedaríamos curados de todas nuestras inmundicias e idolatrías, porque su fuego abrasador nos consumiría en un instante y arrancaría de nosotros todo lo que no sea de Dios.
¡Corazón de Jesús, si tan sólo probara una de tus llamas...! ¡Si tan sólo pudiera contemplar el crepitar de tu fuego intenso...! ¡Corazón de Jesús, amor de Dios, déjame consumirme en tu amor!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
09 febrero, 2014
Sal y luz... y un poquito de limón
Evangelio según San Mateo 5,13-16.
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
+++
Sal y luz... ¿qué sería de nosotros sin las dos?
Sin sal la comida sería insípida y las cosas se dañaría más fácil, porque la sal conserva los alimentos para que no se descompongan. Sin sal, los discípulos de Dios serían insípidos, infecundos, estériles. Sin sal el evangelio no sería más que "otra noticia" en vez de "buena nueva". Sin sal el anuncio del envagelio no se conservaría en el tiempo y sería una simple cuestión del pasado, una anécdota más de la historia.
La luz ilumina la oscuridad, calienta y da vida. Sin luz la vida no es posible porque es la fuente primordial de energía. Sin luz estaríamos encerrados en la noche sin poder salir de ella y sin posibilidad de vencerla. Así mismo, la luz de la que nos habla el evangelio es una luz que ilumina las oscuridades más profundas del corazón del hombre. La luz espiritual alumbra los caminos, calienta los corazones apagados, energiza las vidas cansadas.
Ser sal y luz del mundo no es otra cosa que ser vida y dar vida, ser Cristo y dar a Cristo; vivir apasionadamente el amor de Dios. Pero el amor debe ser vivido con ardor, con fuerza, con entusiasmo, porque de lo contrario no estaríamos siendo luz y sal. Si el amor no se vive con demasiada pasión no sería amor, porque el amor quema y consume.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
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Sal y luz... ¿qué sería de nosotros sin las dos?
Sin sal la comida sería insípida y las cosas se dañaría más fácil, porque la sal conserva los alimentos para que no se descompongan. Sin sal, los discípulos de Dios serían insípidos, infecundos, estériles. Sin sal el evangelio no sería más que "otra noticia" en vez de "buena nueva". Sin sal el anuncio del envagelio no se conservaría en el tiempo y sería una simple cuestión del pasado, una anécdota más de la historia.
La luz ilumina la oscuridad, calienta y da vida. Sin luz la vida no es posible porque es la fuente primordial de energía. Sin luz estaríamos encerrados en la noche sin poder salir de ella y sin posibilidad de vencerla. Así mismo, la luz de la que nos habla el evangelio es una luz que ilumina las oscuridades más profundas del corazón del hombre. La luz espiritual alumbra los caminos, calienta los corazones apagados, energiza las vidas cansadas.
Ser sal y luz del mundo no es otra cosa que ser vida y dar vida, ser Cristo y dar a Cristo; vivir apasionadamente el amor de Dios. Pero el amor debe ser vivido con ardor, con fuerza, con entusiasmo, porque de lo contrario no estaríamos siendo luz y sal. Si el amor no se vive con demasiada pasión no sería amor, porque el amor quema y consume.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
08 febrero, 2014
¿Como osos o marmotas?
Evangelio según San Marcos 6,30-34.
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
+++
El descanso del apóstol es sólo Dios y su voluntad.
Ver televisión en una cama durante horas comiendo galletas y tomando coca-cola no es un verdadero descanso. Levantarse después de dormir más de 10 horas o hibernar todo el día como un oso en invierno tampoco lo es.
El evangelio nos presenta a Jesús con sus discípulos llendo a descansar a un lugar solitario por medio del silencio y la oración. Seguramente que tenían en mente dormir un poco, comer bien y disminuir el trabajo, pero no el convertirse en marmotas humanas echadas en el suelo todo el día.
Pero lo más interesante es que cuando desembarcaron (luego de remar y remar) fue que se encontraron con una multitud sedienta de Dios. La cual no fue despedida con la siguiente frase: "hoy no hay servicio, el maestro y los discípulos están en su día de descanso. El horario de atención es de lunes a sábado en horario de oficina. Por favor no insista".
Por el contrario, la respuesta de Jesús fue la compasión porque la multitud estaba como ovejas sin pastor, y por eso les enseñó un largo rato.
Jesús no se mueve por un sueldo. Jesús no trabaja porque tiene un contrato laboral con prestaciones sociales y cláusulas en letra pequeña. Jesús no es un funcionario público o un gran empresario. Jesús no es un administrador que tiene que velar por el sostenimiento económico de su empresa. Jesús es Dios y se comporta como Dios y AMA COMO DIOS. Y por eso no soporta ver a la multitud como oveja sin pastor, porque ÉL es el PASTOR.
¡Jesús, cuánto tenemos que aprender de ti!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
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El descanso del apóstol es sólo Dios y su voluntad.
Ver televisión en una cama durante horas comiendo galletas y tomando coca-cola no es un verdadero descanso. Levantarse después de dormir más de 10 horas o hibernar todo el día como un oso en invierno tampoco lo es.
El evangelio nos presenta a Jesús con sus discípulos llendo a descansar a un lugar solitario por medio del silencio y la oración. Seguramente que tenían en mente dormir un poco, comer bien y disminuir el trabajo, pero no el convertirse en marmotas humanas echadas en el suelo todo el día.
Pero lo más interesante es que cuando desembarcaron (luego de remar y remar) fue que se encontraron con una multitud sedienta de Dios. La cual no fue despedida con la siguiente frase: "hoy no hay servicio, el maestro y los discípulos están en su día de descanso. El horario de atención es de lunes a sábado en horario de oficina. Por favor no insista".
Por el contrario, la respuesta de Jesús fue la compasión porque la multitud estaba como ovejas sin pastor, y por eso les enseñó un largo rato.
Jesús no se mueve por un sueldo. Jesús no trabaja porque tiene un contrato laboral con prestaciones sociales y cláusulas en letra pequeña. Jesús no es un funcionario público o un gran empresario. Jesús no es un administrador que tiene que velar por el sostenimiento económico de su empresa. Jesús es Dios y se comporta como Dios y AMA COMO DIOS. Y por eso no soporta ver a la multitud como oveja sin pastor, porque ÉL es el PASTOR.
¡Jesús, cuánto tenemos que aprender de ti!
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
07 febrero, 2014
La suma de muchas estupideces
Evangelio según San Marcos 6,14-29.
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".
Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".
Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
+++
El pecado no es otra cosa que la suma de muchas estupideces. La primera de todas es pensar que se es feliz cuando en realidad se está completamente insatisfecho e infeliz. La segunda es creer que el pecado saciará esa sed de felicidad. La tercera es creer que se está tomando una buena decisión. La cuarta es sentirse orgulloso por la estupidez hecha y, finalmente, la estupidez más grandes, es llenarse de orgullo por haber actuado de maneta tan tonta.
Esto fue lo que pasó con Herodes. Pensaba que tenía en sus manos el mundo entero, y por quedar bien con los invitados le ofreció a la hija de Herodías lo que ella pidiera para demostrar su poder.
La segunda estupidez fue pensar que ese acto lo iba a hacer más hombre. La terera estupidez fue pensar que había hecho lo correcto. La cuarta estupidez fue sentirse bien por ser tan estupido y, por último, la quinta estupidez fue llenarse de orgullo por "demostrar su poder", sabiendo que no tenía el poder suficiente para actuar bien.
Así mismo pasa con todos nosotros. Un pecado no es otra cosa que la suma de muchas estupideces. Un pecado no es otra cosa que la suma de muchos errores que no se detienen a tiempo y terminan por convertirse en una bola de nieve que cae y a su paso aumenta de tamaño y termina por destruir todo a su paso.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".
Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".
Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
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El pecado no es otra cosa que la suma de muchas estupideces. La primera de todas es pensar que se es feliz cuando en realidad se está completamente insatisfecho e infeliz. La segunda es creer que el pecado saciará esa sed de felicidad. La tercera es creer que se está tomando una buena decisión. La cuarta es sentirse orgulloso por la estupidez hecha y, finalmente, la estupidez más grandes, es llenarse de orgullo por haber actuado de maneta tan tonta.
Esto fue lo que pasó con Herodes. Pensaba que tenía en sus manos el mundo entero, y por quedar bien con los invitados le ofreció a la hija de Herodías lo que ella pidiera para demostrar su poder.
La segunda estupidez fue pensar que ese acto lo iba a hacer más hombre. La terera estupidez fue pensar que había hecho lo correcto. La cuarta estupidez fue sentirse bien por ser tan estupido y, por último, la quinta estupidez fue llenarse de orgullo por "demostrar su poder", sabiendo que no tenía el poder suficiente para actuar bien.
Así mismo pasa con todos nosotros. Un pecado no es otra cosa que la suma de muchas estupideces. Un pecado no es otra cosa que la suma de muchos errores que no se detienen a tiempo y terminan por convertirse en una bola de nieve que cae y a su paso aumenta de tamaño y termina por destruir todo a su paso.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
05 febrero, 2014
Profeta para sí mismo
Evangelio según San Marcos 6,1-6.
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.
+++
Si el mismo Jesús no fue recibido con fe en su propio pueblo, cuánto más pasará con nosotros... y no me refiero a ser grandes predicadores en nuestra propia casa, sino a la lucha interna que tenemos nosotros mismos en la cual no vivimos lo que predicamos o predicamos lo que no vivimos.
No vivimos lo que predicamos. Muchas veces somos como profetas para los demás pero no para nosotros mismos, bien sea porque no creemos lo que decimos o porque lo que decimos no lo queremos vivir.
Predicamos lo que no vivimos. ¿Cuántas veces alardeamos de nuestras propias capacidades sin ser verdad? ¿cuántas veces agrandamos nuestros triunfos? ¿cuántas veces disimulamos nuestros propios defectos? Es muy fácil predicar lo que no somos o lo que no vivimos.
En definitiva, no somos profetas en nuestra propia tierra porque en nosotros mismos no somos capaces de lograr el milagro de la conversión personal. Sin embargo esto no es para desanimarse, sino para conocernos más y luchar mejor.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.
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Si el mismo Jesús no fue recibido con fe en su propio pueblo, cuánto más pasará con nosotros... y no me refiero a ser grandes predicadores en nuestra propia casa, sino a la lucha interna que tenemos nosotros mismos en la cual no vivimos lo que predicamos o predicamos lo que no vivimos.
No vivimos lo que predicamos. Muchas veces somos como profetas para los demás pero no para nosotros mismos, bien sea porque no creemos lo que decimos o porque lo que decimos no lo queremos vivir.
Predicamos lo que no vivimos. ¿Cuántas veces alardeamos de nuestras propias capacidades sin ser verdad? ¿cuántas veces agrandamos nuestros triunfos? ¿cuántas veces disimulamos nuestros propios defectos? Es muy fácil predicar lo que no somos o lo que no vivimos.
En definitiva, no somos profetas en nuestra propia tierra porque en nosotros mismos no somos capaces de lograr el milagro de la conversión personal. Sin embargo esto no es para desanimarse, sino para conocernos más y luchar mejor.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
04 febrero, 2014
No temas, basta que creas
Evangelio según San Marcos 5,21-43.
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.
+++
¿Quién entiende a Jesús? A veces el Señor es bastante raro: Resucita a una niña que ya había sido llorada por todo el pueblo y en seguida dice: "que nadie se entere de lo sucedido". Esto sería como levantar el edificio más alto de la ciudad derrumbado a la vista de todos y después decir que nadie se entere del prodigio. La verdad es que a veces no entiendo nada al Señor.
Quiero rescatar de este evangelio una frase que le dice el Señor al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". ¡Qué palabras tan hermosas! ¿Cuántos de nosotros no quisiéramos escucharlas más seguido? ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar sólo por escucharlas en el momento oportuno?
Ante el dolor y la enfermedad, ante la impotencia de no poder cambiar tantas cosas, siempre escucharemos de Dios: ¡No temas, basta que creas! Pero generalemente tememos y no creemos. Hoy quiero meditar en estas palabras e interiorizar su significado: no voy a temer, basta que crea.
Toro por la Inmaculada, nada sin Ella.
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.
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¿Quién entiende a Jesús? A veces el Señor es bastante raro: Resucita a una niña que ya había sido llorada por todo el pueblo y en seguida dice: "que nadie se entere de lo sucedido". Esto sería como levantar el edificio más alto de la ciudad derrumbado a la vista de todos y después decir que nadie se entere del prodigio. La verdad es que a veces no entiendo nada al Señor.
Quiero rescatar de este evangelio una frase que le dice el Señor al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". ¡Qué palabras tan hermosas! ¿Cuántos de nosotros no quisiéramos escucharlas más seguido? ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar sólo por escucharlas en el momento oportuno?
Ante el dolor y la enfermedad, ante la impotencia de no poder cambiar tantas cosas, siempre escucharemos de Dios: ¡No temas, basta que creas! Pero generalemente tememos y no creemos. Hoy quiero meditar en estas palabras e interiorizar su significado: no voy a temer, basta que crea.
Toro por la Inmaculada, nada sin Ella.
03 febrero, 2014
Todos somos indigentes espirituales
Evangelio según San Marcos 5,1-20.
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro.
El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.
Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo.
Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él,
gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!".
Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu impuro!".
Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". El respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos".
Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña.
Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: "Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos".
El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.
Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor.
Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos.
Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.
En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.
Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti".
El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.
+++
A veces nos da miedo ser amados. Estamos tan acostumbrados a los malos tratos que las caricias nos hacen daño. De la misma manera que una persona de la calle que está acostumbrada a los golpes, humillaciones e insultos se resiste a una abrazo sincero porque ha olvidado lo que es, así mismo nosotros, pobres espirituales, acostumbrados al pecado y a la traición por nosotros mismos y por los demás, nos resistimos a creer que Dios sea verdaderamente bueno con nosotros y que nos ame a pesar de lo que somos.
Si alguien llega donde un habitante de la calle, pobre, sucio, maloliente, y le dice que lo ama profundamente y que le va a dar todo lo que quiera, seguramente se encontrará con una persona desconfiada que se rehusará a aceptar algo tan bueno por miedo a ser engañado. Así mismo, cuando Dios llega a nuestra vida y nos dice que nos ama profundamente y que nos va a dar TODO (incluyendo la vida eteran) nos asustamos porque "de eso tan bueno no dan gratis".
Creo que el mayor problema que tenemos es la desconfianza con Dios porque no creemos que nos pueda amar tanto como dicen que nos ama sabiendo bien quienes somos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro.
El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.
Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo.
Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él,
gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!".
Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu impuro!".
Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". El respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos".
Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña.
Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: "Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos".
El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.
Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor.
Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos.
Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.
En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.
Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti".
El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.
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A veces nos da miedo ser amados. Estamos tan acostumbrados a los malos tratos que las caricias nos hacen daño. De la misma manera que una persona de la calle que está acostumbrada a los golpes, humillaciones e insultos se resiste a una abrazo sincero porque ha olvidado lo que es, así mismo nosotros, pobres espirituales, acostumbrados al pecado y a la traición por nosotros mismos y por los demás, nos resistimos a creer que Dios sea verdaderamente bueno con nosotros y que nos ame a pesar de lo que somos.
Si alguien llega donde un habitante de la calle, pobre, sucio, maloliente, y le dice que lo ama profundamente y que le va a dar todo lo que quiera, seguramente se encontrará con una persona desconfiada que se rehusará a aceptar algo tan bueno por miedo a ser engañado. Así mismo, cuando Dios llega a nuestra vida y nos dice que nos ama profundamente y que nos va a dar TODO (incluyendo la vida eteran) nos asustamos porque "de eso tan bueno no dan gratis".
Creo que el mayor problema que tenemos es la desconfianza con Dios porque no creemos que nos pueda amar tanto como dicen que nos ama sabiendo bien quienes somos.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
02 febrero, 2014
Jesús, luz para alumbrar a las naciones
Evangelio según San Lucas 2,22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
+++
Jesús es el Mesías que había de venir para liberar al pueblo oprimido por el pecado. Jesús es ese sacerdote eterno esperado que iba a poder ofrecer el sacrificio puro e inmaculado y restaurar la condición original del ser humano: el de la comunión con Dios.
Hoy la Iglesia celebra en muchas partes la fiesta de las candelas, o de la candelaria, en la cual se representa a la Virgen María con un cirio encendido y un par de tórtolas para el sacrificio en el Templo. Este fuego que lleva María representa al mismo Jesús, "luz para alumbrar a las naciones y gloria del pueblo de Israel". Jesús es esa luz que el mundo estaba esperando desde su creación. Jesús es la luz que llega a iluminar las tinieblas más profundas del hombre. Jesús es la luz que llega a iluminar nuestra vida. Jesús es la luz que guía nuestros pasos.
Por más que pretendamos dejar de lado a Dios y por más que pensemos que en las diferentes áreas del conocimiento podemos encontrar las respuestas más profundas del hombre, y por más que trabajemos de mano de esas ciencias para mejorar la calidad de vida de la humanidad entera, nunca podremos lograr lo que Jesús ha logrado: iluminar la vida y de toda la humanidad y ofrecernos la vida eterna.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
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Jesús es el Mesías que había de venir para liberar al pueblo oprimido por el pecado. Jesús es ese sacerdote eterno esperado que iba a poder ofrecer el sacrificio puro e inmaculado y restaurar la condición original del ser humano: el de la comunión con Dios.
Hoy la Iglesia celebra en muchas partes la fiesta de las candelas, o de la candelaria, en la cual se representa a la Virgen María con un cirio encendido y un par de tórtolas para el sacrificio en el Templo. Este fuego que lleva María representa al mismo Jesús, "luz para alumbrar a las naciones y gloria del pueblo de Israel". Jesús es esa luz que el mundo estaba esperando desde su creación. Jesús es la luz que llega a iluminar las tinieblas más profundas del hombre. Jesús es la luz que llega a iluminar nuestra vida. Jesús es la luz que guía nuestros pasos.
Por más que pretendamos dejar de lado a Dios y por más que pensemos que en las diferentes áreas del conocimiento podemos encontrar las respuestas más profundas del hombre, y por más que trabajemos de mano de esas ciencias para mejorar la calidad de vida de la humanidad entera, nunca podremos lograr lo que Jesús ha logrado: iluminar la vida y de toda la humanidad y ofrecernos la vida eterna.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
01 febrero, 2014
Paradoja
Evangelio según San Marcos 4,35-41.
Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla".
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".
+++
La vida es una paradoja. El que puede hacer callar al viento y a la tempestad muchas veces no puede hacer callar al hombre. No porque no tenga poder, sino porque el hombre no le obedece.
Por el contrario, aquello que ni siquiera es persona y que no tiene poder sobre el viento y la tempestad, el mundo, se capaz de hacer callar al hombre y manipularlo con sus artimañas y mentiras.
La vida es una verdadera paradoja. ¿Y será que yo me estoy prestando para eso? ¿Será que estoy obedeciendo a lo que no se le debe obedecer y estoy ignorando al mismísmo Dios que quiere que le obedezca y que le ame?
Todo por la Inmacualda, nada sin Ella.
Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla".
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".
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La vida es una paradoja. El que puede hacer callar al viento y a la tempestad muchas veces no puede hacer callar al hombre. No porque no tenga poder, sino porque el hombre no le obedece.
Por el contrario, aquello que ni siquiera es persona y que no tiene poder sobre el viento y la tempestad, el mundo, se capaz de hacer callar al hombre y manipularlo con sus artimañas y mentiras.
La vida es una verdadera paradoja. ¿Y será que yo me estoy prestando para eso? ¿Será que estoy obedeciendo a lo que no se le debe obedecer y estoy ignorando al mismísmo Dios que quiere que le obedezca y que le ame?
Todo por la Inmacualda, nada sin Ella.
31 enero, 2014
El amor de Dios
Evangelio según San Marcos 4,26-34.
Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
+++
Esta parábola sobre el Reino de los Cielos es verdaderamente hermosa, siempre está creciendo la semilla, sea de día o de noche, despierto o dormido. Dios, que se ha sembrado a sí mismo en todos los corazones, crece silenciosamente en el interior de todos. Dios habita en nosotros y desde el interior va haciendo su obra. Y de la misma manera que los huesos se van fortaleciendo con el tiempo y que los órganos internos del hombre se desarrollan con el paso de los años, así mismo el Reino de Dios, la conciencia de Dios, también va madurando en cada uno y su amor va inundando todo el ser.
Sin embargo, el pecado y la inconciencia puede deteriorar ese amor de Dios y lograr que el alma viva como si no existiera, mas no por eso deja de existi.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:
sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".
También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
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Esta parábola sobre el Reino de los Cielos es verdaderamente hermosa, siempre está creciendo la semilla, sea de día o de noche, despierto o dormido. Dios, que se ha sembrado a sí mismo en todos los corazones, crece silenciosamente en el interior de todos. Dios habita en nosotros y desde el interior va haciendo su obra. Y de la misma manera que los huesos se van fortaleciendo con el tiempo y que los órganos internos del hombre se desarrollan con el paso de los años, así mismo el Reino de Dios, la conciencia de Dios, también va madurando en cada uno y su amor va inundando todo el ser.
Sin embargo, el pecado y la inconciencia puede deteriorar ese amor de Dios y lograr que el alma viva como si no existiera, mas no por eso deja de existi.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
29 enero, 2014
Nosotros decidimos
Evangelio según San Marcos 4,1-20.
Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla.
El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:
"¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar.
Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.
Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó.
Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto.
Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno".
Y decía: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas.
Y Jesús les decía: "A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola,
a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón".
Jesús les dijo: "¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?
El sembrador siembra la Palabra.
Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.
Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.
Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.
Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno".
+++
No siempre somos tierra buena o tierra mala. A veces podemos ser tierra abonada dispuesta a recibir la semilla de la Palabra, pero fácilmente se cambia a tierra árida.
Ahora bien, Dios siempre está dispuesto a sembrar la semilla en todo momento. Somos nosotros los que decidimos si seguimos siendo fértiles o nos volvemos estériles. En nuestras manos está el poder recibir la Palabra de Dios o el rechazarla. Somos nosotros los que disponemos el corazón. Somos nosotros los que tomamos la decisión de dar fruto o no.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla.
El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:
"¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar.
Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.
Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó.
Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto.
Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno".
Y decía: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas.
Y Jesús les decía: "A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola,
a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón".
Jesús les dijo: "¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?
El sembrador siembra la Palabra.
Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.
Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.
Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.
Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno".
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No siempre somos tierra buena o tierra mala. A veces podemos ser tierra abonada dispuesta a recibir la semilla de la Palabra, pero fácilmente se cambia a tierra árida.
Ahora bien, Dios siempre está dispuesto a sembrar la semilla en todo momento. Somos nosotros los que decidimos si seguimos siendo fértiles o nos volvemos estériles. En nuestras manos está el poder recibir la Palabra de Dios o el rechazarla. Somos nosotros los que disponemos el corazón. Somos nosotros los que tomamos la decisión de dar fruto o no.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
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