17 septiembre, 2013

¿Por qué sólo resucitó al hijo de una viuda y no de todas?

Evangelio según San Lucas 7,11-17.
En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: "No llores".
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: "Joven, yo te lo ordeno, levántate".
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo".
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
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Jesús se compadeció de aquella mujer que era viuda y enterraba a su único hijo. ¿Qué pasaría con aquella mujer sola? Sin esposo y sin descendencia ¿quién le daría sustento?
Este evangelio nos presenta a Jesús sintiendo compasión por aquella viuda y resucitando a su hijo. Vemos a Jesús conmovido consolado a la mujer y diciéndole: "no llores". Vemos a un Jesús que entiende el dolor humano y comprende bien qué es el sufrimiento. Vemos a Jesús cercano y comprensivo. Vemos a Jesús, Hombre perfecto, entendiendo los miedos que nos traen la muerte y la soledad. Y por todo ello resucita al hijo de la desdichada mujer.
Pero, después de todo esto me surge una pregunta: Si Jesús sintió tanta compasión por las viudas, entonces ¿por qué no resucitó todos los hijos y los esposos de las viudas de Israel? ¿Por qué el Evangelio nos habla de una sola viuda?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

16 septiembre, 2013

Señor, no soy digno

Evangelio según San Lucas 7,1-10.
Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.
Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.
Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor,
porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga".
Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: 'Ve', él va; y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: '¡Tienes que hacer esto!', él lo hace".
Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe".
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.
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Este centurión del evangelio es bastante particular por varias razones.
Primero, su amor por el sirviente. Estamos acostumbrados a pensar en los sirvientes como esclavos y en los centuriones romanos como déspotas. Sin embargo este centurión quería a su siervo y se preocupaba por él. Seguramente había intentado curar con medicinas y técnicas a ese hombre y no había podido. Y finalmente recurre a aquel hombre del que todo el pueblo hablaba llamado Jesús.
Segundo, su fe. El centurión manifiesta, siendo pagano, una fe férrea. Creyó en Jesús y en su poder.  Entendió que el Señor tenía a sus ordenes a la enfermedad y a los espíritus malignos. Entendió que Jesús no era un profeta más sino el Ungido de Dios.
Qué interesante que está profesión de fe la haga un pagano y no un judío. Qué interesante que este hombre haya captado el mensaje que Jesús quería trasmitir al pueblo de Israel. Qué interesante!
Tercero, su humildad. Siendo un centurión y teniendo a su mando a muchos sirvientes y militares se comporta con humildad ante el Señor hasta el punto de sentirse indigno de que Jesús entre en su casa. Gracias a este centurión oramos en la Eucaristía antes de recibir al Señor sacramentado: Señor no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Finalmente, quiero destacar que la humildad de este centurión lo hizo célebre y que ni con toda su fuerza, poder y dignidad hubiera podido hacerse tan famoso. Por su sencillez ha sido recordado miles de veces al día por millones de personas cada día en todas las Eucaristías del mundo. Definitivamente los humildes serán ensalsados y los soberbios serán humillados.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

14 septiembre, 2013

¿Qué tiene que ver esta imagen con la vida eterna?

Evangelio según San Juan 3,13-17.
Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
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Durante todas las épocas de la historia y en todas las culturas, el hombre ha buscado la inmortalidad. Siempre ha existido un anhelo de no morir. Incluso la sociedad moderna se caracteriza por dos cosas: por temerle a la muerte propia y por ello temerle a la enfermedad y al sufrimiento.
Ante la certeza de la mortalidad el ser humano se paraliza y no se resigna. La ciencia y la medicina se desviven por buscar la prolongación de la vida y la cura a todas las enfermedades. El hombre no ha aceptado la muerte como una realidad necesaria.
Todo esto es normal, pues el instinto de supervivencia nos mueve a buscar la prolongación de la vida. Sin embargo, es contradictorio que la humanidad ande buscando lo que ya tiene y donde no lo va a encontrar. Es decir, somos como la señora que con los lentes puestos anda buscando los lentes por toda la casa. Así mismo nosotros, con la inmortalidad misma buscamos la manera de no morir ¿Cómo es esto? Dios nos ha dado la inmortadidad, no a la manera que nosotros querímos (tipo Highlander, que es imposible) sino la verdadera inmortalidad que consiste en una vida de comunión con Dios que no acaba con la muerte. Dios nos ha dado la posibilidad de prolongar nuestra existencia por medio de su gracia y de su amor. Dios quiere que el hombre no muera sino que tenga vida eterna. Entonces, ¿por qué empeñarnos en enterrar raíces en este mundo y en buscar la manera de no morir si la vida misma continúa con la muerte? ¿Por qué buscar los lentes por toda la casa si ya los tenemos puestos? ¿Por qué no aceptamos la muerte y vivimos de acuerdo a lo que Dios nos pide y manda para alcanzar por su amor la vida eterna?
Yo no se tú, pero yo no voy a buscar más lo que ya tengo.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

13 septiembre, 2013

Este es el evangelio que nos predica el mundo

Evangelio según San Lucas 6,37-42.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".
Les hizo también esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?
El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?
¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.
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¿Por qué será tan difícil recordar este evangelio? Es claro, fácil, sencillo, corto y pertinente. Pero pasan los minutos y pareciera que lo olvidamos por completo. Si aplicáramos este evangelio todo sería diferente. Si viviéramos este evangelio nos ahorraríamos muchos problemas.Sin embargo el mundo predica y vive todo lo contrario, el mundo tiene su propio "evangelio":

Del evangelio según el mundo:

Juzguen y exijan no ser juzgados;
Condenen y luchen por no ser condenados;
No perdonen a nadie pero esperen que todos los perdonen a ustedes.
No den nada y esperen que les den todo;
Siempre esperen que se les de una medida apretada, sacudida, desbordante, pero ustedes sean avaros, ladrones e injustos. Porque la medida con que ustedes midan es justa y a ustedes no los pueden medir.
Hagan el mal a todos y esperen que todos les hagan el bien.
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¿Hay alguna diferencia entre lo que nos predica el mundo y lo que nos predica Jesús? y si nuestras conciencias nos indican cuál es el camino, ¿por qué hacemos lo contrario?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

12 septiembre, 2013

¡Más claro no canta un gallo!

Evangelio según San Lucas 6,27-38.
Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.
Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.
Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.
Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".
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¡Más claro no canta un gallo! ¿Qué podemos decir de este evangelio? Creo que todo lo que se diga sobra. Por sí sólo es suficiente. La interpretación de este evangelio se tiene que dar en la vida y no en el papel. Se corre el riesgo de convertir este pasaje tan hermoso en un divagar literario y en especulaciones acerca de la forma como se escribió, el destinatario y la intención. Pero ¿este evangelio es para interpretarlo o para vivirlo? No digo más porque no quiero amargar tanta dulzura con mis palabras.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

11 septiembre, 2013

Felices!

Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: "¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!
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Felices y bienaventurados los que tienen a Dios como heredad en vez de a sí mismos. Felices los que confían en el Señor, porque el Señor no defrauda ni decepciona a nadie. Felices los que esperan en el Señor porque Dios es bueno con sus hijos. Felices los que desean amar a Dios con todo el corazón porque serán saciados de ese amor misericordioso y eterno. Felices los que esperan en el Señor porque recibirán con creces aquello que esperan.
Las bienaventuranzas que nos presenta el Evangelio siempre me han llamado la atención porque no las entiendo del todo. En verdad las entiendo sin entenderlas, porque a simple vista son fáciles de comprender pero en el fondo son un mar inagotable de riquezas. En el fondo son un cofre lleno de tesoros incalculables. 
Es interesante que Lucas presenta a Jesús mirando fijamente a sus discípulos diciéndoles las bienaventuranzas:  "¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ... ¿pero eran los discípulos pobres, hambrientos?
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

10 septiembre, 2013

La respuesta de Judas

Evangelio según San Lucas 6,12-19.
En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
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Jesús pasó toda la noche en oración. Me imagino al Señor toda lo noche orando por la elección de los discípulo. La verdad es que siendo Dios no tenía la necesidad de hacerlo, sin embargo lo hizo. Es interesante ver cómo el Señor amó a los que eligió y a los que eligió los eligió bien. El Señor no se equivocó con los discípulos. Sin embargo Judas lo traicionó. ¿Por qué lo traicionó Judas? ¿Acaso el Señor se equivocó en la elección de los doce? No, el Señor no se equivocó llamando a los discípulos, los que se equivocaron fueron los discípulos al responderle al Señor.
Así mismo, el Señor nos llama a todos a una vida santa y llena de caridad por medio de la obediencia, porque la obediencia en la caridad y la caridad obediente son la clave para la santidad. Pero, ¿por qué no todo el mundo es santo? ¿Acaso porque el Señor se equivocó al llamarnos? No, al igual que con los discípulos, los que nos equivocamos somos nosotros al no responderle bien al Señor.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

09 septiembre, 2013

Amor y obediencia

Lc 6,6-11: Estaban al acecho para ver si curaba en sábado.
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar.Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho.Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico:
–Levántate y ponte ahí en medio.El se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo:–Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre:
–Extiende el brazo. El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.
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Dios quiere que amemos obedeciendo y que obedezcamos amando. La vida cristiana no tiene sentido si no se ama y no se obedece. El problema frente a esta afirmación es que no sabemos qué es obedecer, o en su defecto, no sabemos obedecer u obedecemos lo que queremos o nos parece. Es muy fácil hablar de la obediencia cuando no nos salpica a nosotros lo que se manda, pero en el tiempo de la prueba es donde se verifica la rectitud de los corazones y el desprendimiento de la propia voluntad para hacer la voluntad de otro.
¿Por qué hablo de obediecia depués de leer este evangelio? Porque el problema de los letrados y fariseos era precisamente ese, la obediencia. So pretexto de obediencia cumplían "perfectamente" el sábado, pero descuidaban el sentido mismo del sábado. So pretexto de obediencia dejaban de hacer el bien. So pretexto de obediencia trataban de hacer caer a Jesús y buscaban la manera de acusarlo. Ante esto nos tenemos que preguntar ¿esa es la obediencia que Dios quiere? Obviamente la respuesta es no, y el mismo Jesús lo dijo. Entonces la siguiente pregunta es ¿Qué es lo que le agrada a Dios? Amar obedeciendo y obedecer amando. Porque la obediencia no puede existir sin el amor y el amor no puede existir sin obediencia.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

08 septiembre, 2013

Seguir al Señor exige violencia

Evangelio según San Lucas 14,25-33. Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. 
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Para seguir al Señor como un discípulo se requieren tres cosas: Renunciar a todo lo que se posee, amar a Jesús más que a su padre, madre, mujer, hijos y hermanos y hasta la propia vida, y finalmente, cargar con la cruz y seguirlo.
La verdad es que el requisito no es fácil. No es tan sencillo como parece, porque generalmente estamos muy apegados a todas estas cosas. Es por eso que Jesús explica en el evangelio lo de edificar una torre y lo del rey en batalla, porque antes de seguir al Señor como discípulo es necesario sentarse a mirar si vamos a tener con qué edificar la torre, es decir, si vamos a tener la fuerza suficiente para renunciar a todo y cargar con la cruz que eso representa y eso implica. No sea que a medio camino tiremos la toalla.
Seguir al Señor es caminar por un sendero lleno de espinas y cavernas oscuras, peñascos y acantilados. Seguir al Señor implica renunciar a muchas cosas y desprenderse de muchas otras. Seguir al Señor implica hacerse violencia y vivir en batalla. Seguir al Señor implica morir cada día para vivir de nuevo. Pero este morir, este renunciar, este caminar  por valles oscuros y acantilados es dulce y delicioso cuando lo hacemos con el corazón porque el Señor va con nosotros y es como un pastor que nos gobierna y apacienta con su cayado y con su amor. Y como dice el salmo: "aunque camine por valles oscuros, tu vara y tu cayado me sosiegan".
¡Qué bueno es el camino de Dios! ¡Qué bueno es seguir al Señor!
Y saber que todos tenemos que pasar por las mismas oscuridades y sufrimientos, dolores y desapegos, luchas y renuncias. Unos en nombre del dinero, otros en nombre de la fama, otros en nombre del pecado, y nosotros, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo a quien sea dada toda la gloria y todo el honor por los siglos de los siglos. Amén.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

06 septiembre, 2013

Lo nuevo y lo viejo

Evangelio según San Lucas 5,33-39.
Luego le dijeron: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben".
Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?
Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar".
Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos!
Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor".
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A veces vivimos en el pasado porque pensamos que "todo tiempo pasado fue mejor". Pero la verdad es que no necesariamente es así. La impresión de que todo tiempo pasado fue mejor que el tiempo presente corresponde a que nosotros solemos guardar los buenos recuerdos y tratamos de desechar los malos. Si miramos una mesita con portaretratos y fotos vamos a encontrar sólo momentos hermosos: los cumpleaños, la familia unida, la cena especial, la graduación, el niño en brazos de su madre, el matrimonio, los seres más queridos, etc. Entonces, la impresión que nos va quedando del pasado es la de alegría, unidad, paz, amor, triunfo, etc.
Pero son pocos, o nadie, los que conservan fotos de los entierros, de las derrotas, de los momentos de crisis y de dolor. Casi nadie, o nadie, toma fotos en un entierro o en una separación. Entonces, con el tiempo vamos borrando lo que no duele y nos sofoca mientras que tratamos de mantener viva la memoria de los momentos felices. Es por esto que decimos que todo tiempo pasado fue mejor, porque se mira con la lupa de la felicidad pero no de la tristeza y el dolor.
Por el contrario, el tiempo presente se mira con otros ojos. Queremos ser felices, pero nos encontramos con dificultades y enfermedades y sufrimientos. Queremos mejorar pero nos encontramos con obstáculos. Queremos ver lo bueno pero nos enfrentamos constantemente a lo malo. Y por eso pensamos que el tiempo presente siempre no es mejor que el tiempo pasado.
El evangelio de hoy nos habla de algo similar. Lo viejo es mirado como mejor que lo nuevo: el vino y el vestido. A veces nos podemos quedar estancado en el pasado y olvidamos el presente. O por el contrario, a veces olvidamos el presente y vivimos sólo en el futuro. La verdad es que ninguna de las dos está bien. Debemos vivir en el presente, sin olvidar el pasado y sin descuidar el futuro, pero en el presente.
Jesús vino a perfeccionar la Ley y los profetas, a darle plenitud. Y por eso es necesario un "vino nuevo" y un "vestido nuevo", por buenos que hayan sido el vino y el vestido viejos. Pero los nuevos son mejores, porque lo tienen a Él. Lo nuevo es mejor porque si lo viejo era una preparación para lo nuevo, entonces, ¿cómo de bueno será lo nuevo?
Jesús es lo nuevo que se predijo desde antiguo. La Ley y los profetas se resumen en el nuevo mandamiento que nos dio el Señor. Entonces, ¿por qué seguir apegados a las cosas antiguas si tenemos al mismo Dios que fue predicho por esas cosas? 
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

04 septiembre, 2013

Jesús orando solo

Evangelio según San Lucas 4,38-44.
Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado". Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.
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Me encanta este evangelio porque presenta a Jesús madrugando a orar sólo. Me gusta imaginarme al Señor levantándose muy temprano mientras todos estaban dormidos y cansados. Un Jesús que salía despacito, sin hacer ruido y daba pequeños saltos para pasar sobre los discípulos acostados en el suelo (porque no puedo imaginarme a todos durmiendo en habitaciones separadas en camas de sábanas blancas, sino todos en una gran sala sobre esteras). Un Jesús midiendo cada paso para no hacer ruido, incluso haciendo caras chistosas a cada movimiento o ronquido estruendoso de los discípulos. Me imagino a Jesús abriendo la puerta despacito para que las bisagras no chillaran. Me imagino a Jesús saliendo triunfante de la casa aún de noche con una sonrisa larga diciendo: menos mal todos tienen un sueño tan pesado. 
¿Y por qué pienso en esas cosas tan simples y hasta tontas? Porque sé que Jesús es Dios y Hombre y que fue igual a nosotros en todo menos en el pecado. Porque sé que  Jesús disfrutaba de esos momentos tan simples y cotidianos. Porque sé que Jesús era alegre, descomplicado y sencillo. Porque me gusta imaginarme a Jesús sentado en una roca mirando hacia el horizonte a la espera del sol naciente, sumergido en meditaciones sobre las almas y en oraciones por nosotros. Un Jesús enamorado y enamorador.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.
(imagen tomada de: blog.cancaonova.com)

03 septiembre, 2013

Este es el Jesús que le gusta a muchos!

Evangelio según San Lucas 4,31-37.
Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.
El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!".
Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.
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A veces podemos caer en la tentación de actuar como los contemporáneos de Jesús: dejarnos llevar por la novedad y escuchar de aquel hombre famoso que expulsa demonios sólo con su palabra. Esto es algo que nos gusta y que causa revuelo. Todo el mundo quiere ver a un hombre con poderes sobrenaturales que hace liberaciones delante de todo el mundo y al cual los demonios le obedecen. Todos queremos ver a un Jesús que hace milagros, camina sobre las aguas, seca higueras, resucita muertos, cura enfermos y se enfrenta a los fariseos. Todos queremos ir al "Show de Jesucristo" a ver a ese gran personaje. Pero, cuando empezamos a ver a Jesús no como un gran artista de la televisión, sino como Dios, que exige un cambio de vida, que ama y exige ser amado, las cosas cambian.
Cuando este Jesús deja de ser un personaje de la farándula y empieza a increpar mi consciencia y a exigirme humildad, amor, entrega, paz, honestidad... las cosas pueden ser más difíciles y se corre la tentación de "cambiar de canal" porque ese "Show" ya aburre.
¿Qué vamos a hacer? mirar a Jesucristo no como "un gran hombre" sino como verdaderamente es: el Dios-Hombre que vino a salvarnos y a darnos la felicidad y que no es simplemente otro personaje más de la historia.
Jesús es Dios, y no puede no serlo, porque sólo Dios es capaz de amar como Jesús y sólo Jesús es capaz de amar como Dios. Jesús no es alguien a quien podemos acudir de vez en cuando cuando tengamos serios problemas, sino que Jesús es Dios y debemos vivir en Él siempre.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

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