22 enero, 2014

Entre el orgullo y la verdad

Evangelio según San Marcos 3,1-6.
Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.
Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.
Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: "Ven y colócate aquí delante".
Y les dijo: "¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Pero ellos callaron.
Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada.
Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.
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En medio del prodigio de curación al hombre de la mano paralizada, los detractores de Jesús no vieron el milagro. Pareciera que aquellos hombres omitieran completamente el hecho estraordinario y se quedaran simplemente con su orgullo herido. ¿Acaso eso pasa también con nosotros?
¿Cuántas veces nos encontramos heridos en el corazón por una palabra mal dicha, por una mirada fea o por algún gesto equivocado y nos olidamos de la bondad de la acción?
¿Cuántas veces dejamos a un lado cientos de cosas buenas y nos quedamos sólo con lo malo?
Jesús arrancó de la desgracia a aquel hombre paralizado, y los fariseos sólo pensaban en acabar con él porque los contradecía en sus doctrinas mal fundadas.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

21 enero, 2014

Amar a Dios no por la ley sino porque Dios es "amable"

Evangelio según San Marcos 2,23-28.
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar.
Entonces los fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?".
El les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre,
cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?".
Y agregó: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.
De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado".
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El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. De la misma manera que un padre acompaña a sus pequeños hijos y los somete a leyes en el hogar para que lleguen a una madurez en el uso de la libertad, así mismo Dios dispuso la ley para llevar al hombre al uso razonable y justo de los dones que él mismo le dio.
Y de la misma manera que el padre en un momento de la vida reduce las leyes del hogar a un mínimo considerable porque el hijo ya puede ejercer su derecho a vivir sin ellas en virtud de lo aprendido, así mismo Dios en la plenitud de los tiempos ha perfeccionado la ley y le ha dado su plenitud en Cristo por medio del amor.
Entonces, el evangelio de hoy nos enseña precisamente eso: ¿Amamos a Dios porque así nos lo enseñaron y porque nos da temor sufrir las consecuencias de no hacerlo? ¿o porque Dios merece ser amado sobre todas las cosas por el simple hecho de haberno amado primero?
Eso lo entendió bien Santa Teresa cuando decía: "No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte... Muéveme tú Señor, muéveme al verte clavado en esa cruz y escarnecido. Muéveme ver tu cuerpo tan herido..."
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella

Jesús es Señor del sabado

 Lectura del santo Evangelio según san Marcos 

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.
Los fariseos le dijeron:
–Oye, ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?
El les respondió:
–¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.
Y añadió:
–El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado

Palabra del Señor.

Todavia no entienden que Jesús es Dios; por eso con la misma voz con la que hablo a moises de las tablas, les habla hoy sobre el error en el que estan cayendo por creer que por ser dia sabado ni se debe hacer el mal, ni se debe hacer el bien.
Y yo aun no comprendo como este ser maravilloso todavia cree en mi, sabiendo que soy pobre y mas llena de resabios que todos estos que lo seguian para ver como lo hacian caer.
Todo por la inmaculada, nada sin ella.

20 enero, 2014

¿Ayunar o no ayunar? esa no es la cuestión

Evangelio según San Marcos 2,18-22.
Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo.
Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!".
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Sobre si debemos o no ayunar se ha hablado mucho. El evangelio de hoy nos enseña que lo esencial es algo más profundo que el ayuno.
Los discípulos de Juan ayunaban y eran hombres muy buenos. Los discípulos de Jesús no ayunaban y también lo eran. Los fariseos reparaban entre los unos y los otros tratando de enteder quién tenía la razón, pero dejaron de un lado lo que verdaderamente importa a los ojos de Dios, y estoy seguro de que eso verdaderamente importante no es el ayuno.
Hace algunos meses conocí a un sacerdote de 83 años que decía que estaba tratando de encontrar qué es lo esencial de la vida y qué es lo accesorio. La verdad es que me sorprendió muchísimo porque nunca pensé que un hombre a esa edad se planteara tal cuestión. Todos pensaríamos que para ese entonces ya tendría muy claro qué es lo que verdaderamente importa y lo que no, pero no era así.
Entonces, llegará el momento en que los discípulos del Señor tengan que ayunar, pero mientras estén con el novio, es decir, con el Señor, no es necesario.
¿Y nosotros qué? ¿Estamos con el Señor o no estamos con él? ¿Estamos con el novio o no estamos con él? ¿Será que estamos enfrascados en cosas no esenciales y estamos descuidando las principales?
Señor, enséñanos a vivir lo esencial.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

05 enero, 2014

Somos voz, no palabra

Evangelio según San Juan 1,1-18.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.
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San Agustín habla de la voz como el vehículo por el cual viaja la palabra. La voz desaparece pero la palabra queda.
La voz viaja por el aire y llega al oído y trasporta la idea. La idea queda y la voz se extingue. Así mismo Juan el Bautista es el ejemplo vivo de la voz que trasporta la palabra.
Así debemos ser los cristianos: portadores de Dios. Voces que claman en el desierto y anuncian la llegada de Dios, el Reino de Dios; y con el tiempo desaparecer para dejar lugar a la Palabra misma.
Sin embargo sucede lo contrario. Somos voz que quiere ser palabra, o somos voz vacía de contenido y queremos perdurar como la idea. Es como si la luna quisiera arder por sí misma y alumbrar a la tierra por sus propias fuerzas, lo cual no es sino una tontería porque no podrá hacerlo nunca.
Somos voz, no palabra. Somos efímeros, contingentes, no eternos ni necesarios.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

04 enero, 2014

Vengan y verán

Evangelio según San Juan 1,35-42.
Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".
"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.
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Jesús busca y se hace buscar. Jesús encuentra y se deja encontrar.
La vida del hombre es una constante búsqueda de la verdad y de la felicidad. Todos estamos en la tarea de encontrar el por qué de nuestra vida y cuál es esa función o misión que debemos desempeñar.
La verdad es que en Dios nuestra alma encuentra paz y sociego, y sólo en él encontrará la felicidad.
Aquellos hombres de evangelio estaban buscando a Dios y esperando al Mesías, y encontraron a Jesús que les dijo: "vengan y verán". Ese "vengan" es una invitación a caminar con Jesús, a ver cómo ama Dios, a escuchar al mismo Dios. El "verán" es una invitación a comprender cuan grande es la misericorida de Dios y cuan hermoso es camniar con Él.
Dios sabe que para seguirlo primero tenemos que quererlo hacer y ese querer nace de la experiencia de vida con el amado que seduce los corazones y sacia la sed de búsqueda que aumenta la atracción hacia la fuente misma de la vida.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

19 diciembre, 2013

Dios nos reveló su amor por medio de su hijo

Evangelio según San Lucas 1,5-25.
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón.
Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.
Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.
Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios,
le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.
Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo.
Pero el Angel le dijo: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan.
El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento,
porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre,
y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios.
Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto".
Pero Zacarías dijo al Angel: "¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada".
El Angel le respondió: "Yo soy Gabriel , el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia.
Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".
Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario.
Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.
Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa.
Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses.
Ella pensaba: "Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres".
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De la Carta a Diogneto
(Cap. 8, 5--9, 6: Funk 1, 325-327)

DIOS NOS REVELÓ SU AMOR POR MEDIO DE SU HIJO

Nadie jamás ha visto ni ha conocido a Dios, pero él ha querido manifestarse a sí mismo. Se manifestó a través de la fe, que es la única a la que se le concede ver a Dios. Porque Dios, Señor y Creador de todas las cosas, que todo lo hizo y todo lo dispuso con orden, no sólo amó a los hombres, sino que también fue paciente con ellos. Siempre lo fue, lo es y lo será: bueno, benigno, exento de toda ira, veraz; más aún: él es el único bueno. Después de haber concebido un designio grande e inefable se lo comunicó a su único Hijo.

Mientras mantenía oculto su sabio designio y lo reservaba para sí, parecía abandonarnos y olvidarse de nosotros. Pero, cuando lo reveló por medio de su amado Hijo y manifestó lo que había establecido desde el principio, nos dio juntamente todas las cosas: participar de sus beneficios y ver y comprender sus designios. ¿ Quién de nosotros hubiera esperado jamás tanta generosidad?

Dios, que todo lo había dispuesto junto con su Hijo, permitió que hasta el tiempo anterior a la venida del Salvador viviéramos desviados del camino recto, atraídos por los deleites y concupiscencias, y nos dejáramos arrastrar por nuestros impulsos desordenados. No porque se complaciera en nuestros pecados, sino que los toleraba. Ni es tampoco que Dios aprobara aquel tiempo de iniquidad, sino que estaba preparando el tiempo actual de justicia, a fin de que, convictos en aquel tiempo de que por nuestras propias obras éramos indignos de la vida, fuéramos hechos dignos de ella por la bondad de Dios, reconociendo así que por nosotros mismos no podíamos entrar en el reino de los cielos, pero que esto se nos concedía como un don de Dios.

Pues cuando nuestra maldad había colmado la medida y se hizo plenamente manifiesto que por ella merecíamos el castigo y la muerte, llegó en cambio el tiempo establecido por Dios para manifestar su bondad y su poder -¡oh inmenso amor de Dios a los hombres!- y no nos odió ni nos rechazó ni se vengó de nuestras ofensas, sino que nos soportó con magnanimidad y paciencia, apiadándose de nosotros y cargando él mismo con nuestros pecados. Nos dio a su propio Hijo como precio de nuestra redención: entregó al que es santo para redimir a los impíos, al inocente por los malos, al justo por los injustos, al incorruptible por los corruptibles, al inmortal por los mortales. Y ¿qué otra cosa hubiera podido encubrir nuestros pecados sino su justicia? Nosotros que somos impíos y malos, ¿en quién hubiéramos podido ser justificados sino únicamente en el Hijo de Dios?

¡Oh admirable intercambio, mediación incomprensible, beneficios inesperados: que la impiedad de muchos sea encubierta por un solo justo y que la justicia de un solo hombre justifique a tantos impíos!

18 diciembre, 2013

María, primer sagrario

Evangelio según San Mateo 1,18-24.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
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"No temas recibir a María en tu casa". Estas palabras son para todos nosotros. No podemos tener miedo a recibir a la Madre de Nuestro Señor en nuestras vidas. ¿Quién más que ella es misionera? ¿Quién más que María para llevar a Jesús?
María no es una simple figura en la Iglesia que acompaña a Jesús y sirve para entretener a la gente con algunas devociones. María es la hija predilecta del Padre, medianera de todas las gracias; Templo sagrado en el que Cristo se hizo sacerdote; Hija del Padre, Esposa del Espíritu Santo y Madre del Hijo.
María, al igual que en la Visitación, nos trae a Jesús a nuestras vidas. Ella sola, siendo todavía una niña y estando en cinta de Jesús, atravesó una gran distancia para iluminar la vida de Isabel, su prima, con el fruto de su vientre, El Señor.
Así mismo pasó con José, María que ya llevaba en su seno al que no pueden contener los cielos, fue la portadora del Verbo Eterno del Padre y lo presentó a José, su esposo. Y por eso el Ángel le dijo: "No temas, José, recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. 
Así pues, estas palabras hermosas y profundas del evangelio se cumplen hoy también con nosotros. "No temas recibir a María en tu vida, porque ella es portadora de Dios, Sagrario viviente, que quiere entregarte a su Divino Hijo.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

17 diciembre, 2013

La genealogía de Jesús, nuevo Adán

Evangelio según San Mateo 1,1-17.
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;
Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;
Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
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De las Cartas de san León Magno, papa
(Carta 31, 2-3: PL 54, 791-793)
>EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN
De nada nos serviría afirmar que nuestro Señor, el Hijo de la Virgen María, es hombre verdadero y perfecto si no creyésemos además que es hombre perteneciente a aquel linaje mencionado en el Evangelio.
Mateo, en efecto, dice: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham; y sigue el orden de su generación humana hasta llegar a José, con quien estaba desposada la Madre del Señor.
Lucas, en cambio, siguiendo un orden inverso, se remonta al origen del género humano, para mostrar que el primer Adán y el nuevo Adán tienen una misma naturaleza.
El Hijo de Dios, en su omnipotencia, hubiera podido manifestarse, para instruir y justificar a los hombres, como se había manifestado a los patriarcas y profetas, es decir, bajo diversas apariencias humanas, como, por ejemplo, cuando entabló una lucha o mantuvo una conversación, o cuando no rechazó la hospitalidad que le ofrecían y tomó el alimento que le presentaban. Todas estas figuras eran como profecía y anuncio misterioso de aquel hombre que debía asumir, de la descendencia de esos mismos patriarcas, una verdadera naturaleza humana.
Pero todas estas figuras no podían realizar aquel misterio de nuestra reconciliación prefijado antes de los tiempos, porque el Espíritu Santo no había descendido aún sobre la Virgen ni el poder del Altísimo la había aún cubierto con su sombra; solamente cuando la Sabiduría eterna, edificándose una casa en el seno purísimo de la Virgen, se hizo hombre pudo tener cumplimiento este admirable designio; y, uniéndose la naturaleza humana y la divina en una sola persona, el Creador del tiempo nació en el tiempo, y aquel por quien fueron hechas todas las cosas empezó a contarse entre las creaturas.
Pues si el nuevo hombre, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado, no hubiera llevado sobre sí nuestros pecados, si el que es consustancial al Padre no se hubiera dignado ser consustancial a una madre y si -libre de todo pecado- no hubiera unido a sí nuestra naturaleza, la cautividad humana continuaría sujeta al yugo del demonio; y tampoco podríamos gloriarnos de la victoria del Vencedor si ésta hubiera sido obtenida en una naturaleza distinta a la nuestra.
El sacramento de la regeneración nos ha hecho partícipes de estos admirables misterios, por cuanto el mismo Espíritu, por cuya virtud fue Cristo engendrado, ha hecho que también nosotros volvamos a nacer con un nuevo nacimiento espiritual.
Por eso el evangelista dice, refiriéndose a los creyentes: Ellos traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.

04 diciembre, 2013

Como el viento que derriba

Evangelio según San Mateo 15,29-37.
Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó.
Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó.
La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino".
Los discípulos le dijeron: "¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?".
Jesús les dijo: "¿Cuántos panes tienen?". Ellos respondieron: "Siete y unos pocos pescados".
El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.
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La miseria de Dios es más grande que la mayor de las abundancias humanas. Me refiero a que Dios, incluso en lo que es "poco generoso", es muchísimos más abundante que el más generoso de los hombres. Dios es demasiado generoso con nosotros, no escatima esfuerzos ni recursos para lograr nuestra salvación. Dios no tiene problema en cambiar el mundo entero para lograr que un alma se salve. La creación entera está a disposición de Dios para el bien de los hombres, para el bien de los que ama.
¿A qué me refiero con esto? a que Dios no tiene ningún inconveniente en hacer hasta lo imposible para que logremos aceptar su amor. Él sabe bien que somos duros de corazón y que para nosotros es muy difícil dejarnos amar, y por eso interviene en nuestras vidas constantemente para que, poco a poco, vayamos cediendo a su amor y nos dejemos amar por Él.
Dios es como el agua que golpea la roca durante siglos hasta romperla. Dios es como el sol que quema diariamente hasta dañar. Dios es como el viento que sopla todos los días hasta derribar. Pero no me refiero a que Dios desee que caigamos, sino a que Dios desea que nos dejemos amar por Él porque sabe que es lo único que necesitamos y para ello tiene que ser constante.

03 diciembre, 2013

Tan cerquita que es difìcil verlo

Evangelio según San Lucas 10,21-24.
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".
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La grandeza de Dios se oculta a los que tienen ojos de águila o de lince y se presenta a los miopes. Dios rompe los paradigmas y acaba con lo que creemos saber de él. Dios es tan diferente a nosotros que toda la teología es nada en comparación de lo que es.
Es imposible entender a Dios, no porque no podamos, sino porque no sería suficiente una eternidad de estudio para lograrlo.
Es famosa aquella anécdota de Santo Tomás de Aquino que iba a quemar la Suma Teológica porque comprendió que no comprendía nada. Así mismo, cada día que pasa, uno se da cuenta de que Dios es Dios y hace cosas maravillosas cada día.
Dios dibuja tan cerquita que es difícil verlo. Dios habla tan pasito que es difícil escucharlo. Sin embargo, allí está todo el tiempo acompañándonos y amándonos.

02 diciembre, 2013

Más que la fe del centurión hay que destacar su amor

Evangelio según San Mateo 8,5-11.
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole":
"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente".
Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace".
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos.
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Jesús vio en aquel hombre una fe como nadie en Israel la tenía. El centurión estaba seguro de que su siervo sería curado por el Señor, aun sin ser creyente judío.
Más interesante en este evangelio es el hecho de que el centurión no pidió con fe para una curación personal sino de otro, que ni siquiera era de su familia. Es muy fácil pedir con fe por uno mismo, porque uno mismo se ama y quiere lo mejor, pero en este caso la curación no era para el mismo que pedía sino para otro.
Creo que más que la fe del centurión del evangelio de hoy se debería rescatar el amor con el que este sujeto amaba a su criado, porque si no fuera así, entonces no habría hecho lo que hizo ni dicho lo que dijo, ni, mucho menos, pedido lo que pidió.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

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