30 septiembre, 2011

Ay de ti, Corozaín

Ay de nosotros, los que vivimos en la Iglesia de Cristo y muchas veces nos comportamos como si fuéramos unos grandes paganos. Ay de nosotros que no nos atrevemos a amar a Dios con todo el corazón y no nos atrevemos a hacernos violencia al dominar nuestras pasiones, especialmente las interiores que son las más fuertes.
Ay de nosotros que nos alimentamos de la vanidad de este mundo y callamos nuestra conciencia con un par de oraciones mal recitadas. Ay de nosotros, que no nos atrevemos a cambiar de vida y a amar a Dios sobre todas las cosas.
Ay de nosotros, que seremos juzgados con dureza por la dureza de nuestra cabeza y de nuestro corazón. ¿Cuántos hombres en el mundo viven muchísimo mejor que nosotros sin ser siquiera cristianos? ¿Cuántos hombres a lo largo del orbe tienen más sed de Dios que nosotros que lo tenemos en la Eucaristía? ¿Cuántos hombres beben más del amor de Dios que nosotros que podemos beber su Sangre?
Por eso, el día del juicio se levantará la Reina del Sur y nos condenará por nuestra tibieza...
Madre Inmaculada, renueva mi corazón según el verdadero espíritu de Cristo.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

27 septiembre, 2011

Lucas 9, 51-56

Jesús siempre busca la oportunidad de conquistar almas, sus muy amadas almas; antes de morir quiso compartir con Jerusalén, y no solo con ellos, también con los Samaritanos, pero la respuesta que recibió fue un desprecio, un rechazo, ante el cual no respondió con agresividad, como si desearon hacerlo los discipulos, todo lo contrario: les defendió, les protegió, no permitió su mal!
La reacción de Dios ante un desprecio, es Amor extremo, acaso no fue así que reaccionó el Padre ante el desprecio de Adán y Eva? Con Su Hijo!!!
Y aunque es comprensible el dolor de los discipulos ante el rechazo de su maestro, veamos como La Virgen Maria, que también siente profundo dolor por el rechazo de la Humanidad a Dios que es su mismo hijoo, no responde con resentimiento, sino que a la luz del amor, que es lo único que guarda en su corazón, acompaña a esa alma que no se deja amar y la guia hasta que libremente ella acepte a Cristo!

Sorprendente tu amor por mí, que es capaz de seguirme amando igual o aún más después de ser yo quien rechaze y clave a tu hijo en la cruz!

Lc 9, 51-56

Martes, 27 de septiembre de 2011. Lc 9, 51-56

A Jesús no le recibieron porque se dirigía hacia Jerusalén, Él no negó el lugar hacia el que se dirigía por el hecho de agradar a aquellos aldeanos, simplemente en silencio se marcha.

Ante el desprecio y rechazo ¿Cuál es nuestra actitud? Porque seguramente lo hemos vivido y lo seguiremos viviendo, más aun, se incrementará al tener a Cristo y caminar hacia Él. El hecho de iniciar un proceso de conversión no debemos caer en la tentación del poder y el desquite, pues Jesús nos enseña a amar a quien no nos ama, y esto es evidente en este texto.

Mamá, que en las contrariedades de la vida, en las dificultades hacia la meta, no nos distraigan ni desvíen, sino que nos lleve a invocarte y a suplicarte luces para vivir conforme al Divino Querer.

¿Qué quiere Dios de mí?

Evangelio según San Lucas 9,51-56. 
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo. 

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¿Qué quiere Dios de mí? que arda ¿por quién? por las almas ¿cómo? con el ardor de la caridad... pero en ocasiones, o casi siempre, ardemos mas por soberbia que por caridad.
¿Qué nos mueve a amar a Dios? ¿Qué nos impulsa para evangelizar? La Inmaculada ardió en su corazón por un auténtico fuego divino que la consumió en la caridad y en el amor hacia Dios y hacia el prójimo. Ese ardor fue tan fuerte que la movió a darse, a consumirse completamente por el buen Dios. Su ardor fue tan grande que se entregó a la voluntad de Dios como Esclava. Su ardor fue como una llama azul y no como una llama roja ¿cuál es la diferencia? que la llama azul es purísima, calienta más, hace menos ruido y es más bella. En cambio la llama roja es más ruidosa, crea humo, hace escándalo, y, quien lo creyera, calienta menos.
Debo arder, como la llama azul, purísima y bienintencionada... debo arder como María.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella. 
Que ocurrencia la de los apóstoles, preguntarse cuál era el más importante, aunque más que ocurrencia, es una muestra de la inclinación del hombre al amor propio! pero Jesús como siempre responde con una contradicción para lo que hasta ahora conocian! El más pequeño es el más importante y es atraves del más pequeño que me manifiesto y llego a otros corazones!
Es decir que si no soy como niño, no entra Jesús a otros corazones por medio de mí, pues muy bien dijo: el que recibe a uno de estos pequeños a mí me recibe!
y cómo es un pequeño? Humilde, espontáneo, en definitiva: un niño es aquel que entre conversaciones de adultos no aporta, no se tiene en cuenta!

En conclusión: Sirvamos a todos, obedezcamos, No corrigamos para ser los más pequeños del grupo!

Mamita Hazme Humilde para que donde yo vaya, sea Jesús y Tú quien lo haga!
LOS AMO-!!!

26 septiembre, 2011

Lunes, 26 de septiembre de 2011. Lc 9, 46-50

“cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado”

Ser niños implica dejarnos coger de la mano de Jesús, es estar a su lado y nunca perder la capacidad de sorprenderse con el Amor, eso es acogerle y recibir al Padre, es estar prontos a su llamado, aun cuando no entendemos y cuando nuestro pensamiento es poco desarrollado.

El niño imita, quiere ser como quien admira, ahora bien ¿admiramos a María? ¿La imitamos? ¿Admiramos a Cristo? ¿Lo imitamos? Juan quiso comportarse como el niño celoso, pero también como quien le pregunta todo a su papá, y por eso le permitió al Señor que lo corrigiera, que le enseñara.

Mamá soy una niña terca, egoísta, aun me falta la sencillez y espontaneidad con mi Jesús, por eso edúcame, cógeme de tu mano y llévame al lugar Santo, moldéame, purifícame en el crisol del amor y del sufrimiento. Amén

niños

Evangelio según San Lucas 9,46-50. 
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande".
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros".
Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes". 

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¿Quién es el más pequeño?
¿Quién me recibe a mí (a Jesús)?
¿Quién recibe al que envió a Jesús?
¿Quién es el más grande?
¿Qué tiene que ver el niño con todas estas preguntas? este evangelio es confuso...
Recibir al niño en el Nombre de Jesús es recibir a Jesús. Recibir a Jesús es recibir al que lo envió. Entonces, recibir al niño en el Nombre de Jesús es recibir al que envió a Jesús. Ahora bien, ¿qué tiene que ver eso con ser el más grande? A continuación dice Jesús: "PORQUE el más pequeño de ustedes, ese el el más grande... Con esto está respondiendo a la cuestión inicial sobre quién era el más grande de todos, pero esto parece que nada tiene que ver con el niño y con recibirlo en el Nombre de Jesús. ¿o será que recibir a un niño en el nombre de Jesús es hacerse pequeño?
Recibir a un niño, en el nombre de Jesús, es dejar a un lado los grandes argumentos, el lenguaje refinado, es dejar a un lado la condición social y los conocimientos y simplemente sentarse en el suelo y jugar con tierra, carritos o pelotas. Para recibir a un niño en el nombre de Jesús hay que hacerse como uno de ellos. Pero ¿qué necesita un niño para ser feliz? solo unas pocas cosas...
¿La Inmaculada era como una niña? sí, en el sentido que se abandonó completamente como un niño en brazos de su madre. La Inmaculada se hizo como niña porque confió solamente en la voluntad de Dios y practicó esa confianza. María fue como una niña por su candor y pureza, confianza y dulzura. Por su amor al Padre y por su obediencia ciega.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

25 septiembre, 2011


Domingo, 25 de septiembre de 2011. MT 21, 28-32

Cuando el Padre nos dice: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”, tenemos la opción de hacer su voluntad o no, pues a la final no vale lo que se diga, sino lo que se recapacite, lo que hacemos, lo que nos sintamos hijos y la profundidad de la relación que tenemos con el Padre. La petición la hace un papá que le pide un favor a su hijo, un favor por Hoy.

Dios no nos pregunta qué decimos sino que nos podría preguntar ¿Qué hiciste Hoy? ¿Cuánto amaste? El fariseo no sabría qué responder, pues lo que hacen no es igual a lo que dicen, entonces si no queremos caer en la tentación del fariseo, la diferencia está en la caridad, en la misericordia. Dime cuánto amas y te diré cuán lejos estás del fariseísmo.

Mamita, tú no solo dices un sí sino que haces lo que dices, eres la Mujer de la coherencia, eres el consuelo de Dios, que con tu presencia amorosa en mí vida, pueda todos los días amar más. ¡Totus Tuus!
Sábado, 24 de septiembre de 2011. Lc 9, 43b-45

En medio de las alabanzas y la admiración, Jesús hablaba de la cruz a sus discípulos ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué ellos no entendían? ¿Por qué a ellos les daba miedo preguntarle? ¿Por qué no pedirle una explicación a Jesús?

Creo que todo tiene que ver con la humildad, pues ante la admiración puede llegar la tentación de la soberbia y sólo la cruz hace descubrir que se necesita de Dios, bendita cruz que nos acerca al Amado, que nos descubre su amor de entrega, que da sentido a cada acto de inmolación del Señor.

A veces inconscientemente rechazamos la cruz, tenemos oídos pero no escuchamos, porque no queremos sufrir porque nos da miedo asumir el dolor, pero lo es así porque no hemos descubierto que es Dios mismo quien nos da la gracia, no hemos descubierto que tenemos un Amigo que es experto en asumir y darle sentido al sufrimiento, que incluso carga con el nuestro si se lo damos.

Madre Santísima, Totus Tuus, en tu escuelita aprendo a amar y a sufrir.

23 septiembre, 2011


Viernes, 23 de septiembre de 2011. Lc 9, 18-22

Nuestro Jesús estaba en oración y es en oración que le pregunta a sus discípulos la opinión de la gente y la opinión de ellos, sobre su divina persona.

¿Qué hacemos tú y yo en la oración? ¿Le preguntamos a Jesús que piensa de nosotros? ¿Nos desahogamos con él contándole nuestras experiencias sociales? ¿Le pedimos la gracia para aceptar la cruz? ¿Le preguntamos qué quiere de nosotros? Todo lo anterior nuestro Señor lo hacía, totalmente unido y abandonado en el Padre Celestial.

Jesús en la oración nos cuenta y prepara, por eso hace su magnífica revelación de la pasión y resurrección que posteriormente los apóstoles les serviría para fortalecer su fe.

Mi Señor, que cada instante de oración contigo y con la Inmaculada sea una preparación de amor para asumir mi fe, mi cruz y mi vocación unida a ti, para rectificar mi intención y hacer todo de cara a ti, con total confianza y abandono en nuestra Señora. Amén.

Santo Padre Pio, ruega por nosotros.
Evangelio según San Lucas 9,18-22. 
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".
"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios".
Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". 

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¡Ay Señor! Si te dijera quién eres para mí... ¿Pero qué digo? ¿acaso no lo sabes todo? Eres la omnipotencia impotente... ¿qué? sí, así es... tienes el mando sobre la naturaleza y el universo entero. Los montes y las colinas saltan como corderos en tu presencia, descuajas los cedros del líbano, la tormenta y la tempestad te obedecen. Toda la creación, obra de tus manos, tiembla ante tu presencia... Eres el Rey de reyes y el Señor de señores... sin embargo, toda esa omnipotencia se ve reducida a polvo ante un alma arrepentida o ante una mirada de amor.
Eres la omnipotencia impotente, porque ante una súplica de tu Santísima Madre sucumbes. Eres impotente porque la oración del hombre cambia tu proceder. Eres impotente porque ante la libertad humana no puedes actuar. Pero la pregunta es ¿por qué, si eres omnipotente? porque por amor tu omnipotencia se ve reducida a impotencia. Porque por amor has decidido no decidir por nosotros. Porque por amor te has hecho uno de nosotros para que nosotros nos hagamos como Tú. Gracias por tu omnipotencia "rara" por amor.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

22 septiembre, 2011

Jueves, 22 de septiembre de 2011. Lc 9, 7-9

En todo instante querían comparar a Jesús con un muerto que vivía: Juan, Elías u otro profeta, y lo más característico y común entre ellos, es que vivían, se aparecían o habían resucitado, esto confirma aun más que Jesús es La Vida, así no le quieran explícitamente reconocer.

Es indudable que la vida del cristiano genera curiosidad, no puede pasar desapercibido, porque es el mismo Cristo, ahora bien, nosotros que hemos tenido un encuentro con Jesús ¿queremos verlo? ¿Con que sentido? ¿Solo verlo o vivir en él? ¿Solo escucharlo?

Nuestro encuentro con Jesús, debe llevarnos a tener una relación intima con Él, verlo, escucharlo, sentirlo, hablarle, pero también recibirle, comulgarle, transformarnos en su corazón. Virgen María, has que sea más intimo nuestro encuentro con Cristo.

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