05 abril, 2010

Lunes 5 de abril de 2010. Mt 28, 8-15.

Este es uno de los pocos versículos de la Biblia que nos habla de la adoración de Jesús. El primero también está en el evangelio de Mateo, cuando los Reyes Magos lo visitan en el portal de Belén y lo adoran. ¡Jesús es Dios! —no sé cómo los Testigos de Jehová leen estos pasajes y no creen en la divinidad de Cristo—.

Una vez más nos encontramos con las diferencias entre los sinópticos y el evangelio de Juan. Ayer veíamos cómo en este último sólo se hacía mención de la Magdalena, mientras que en Mateo se habla de la Magdalena y la otra María. Además hoy encontramos un elemente que tampoco está en Juan: Jesús salió al encuentro en el camino y les habló. ¿Esto es una contradicción? No, es una complementación del hecho. María (en el evangelio de Juan) salió del sepulcro creyendo que se habían robado el cuerpo del Señor; pero en el camino se encuentra con Jesús resucitado (Mateo). Es así como encontramos en el evangelio de Juan la expresión: «Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos!» (Jn 20, 8-9). Esto quiere decir que no entendían las Escrituras, se encontraron con las mujeres que les dijeron que estaba vivo y después llegaron al sepulcro vacío para constatar que verdaderamente había resucitado.

Al respecto de este evangelio nos dice San Jerónimo:

Las primeras mujeres merecieron oír: "Que Dios os guarde", porque así quedaba deshecha la maldición de la mujer Eva, en estas mujeres.

Y San Juan Crisólogo, en el sermón 76:

Estas mujeres son figura de la Iglesia porque Jesucristo reprende a sus discípulos cuando dudan acerca de su resurrección y los confirma cuando vacilan. Cuando sale al encuentro de estas mujeres, no las asusta con su poder, sino que las previene con el ardor de su caridad. Porque Jesucristo se saluda en su Iglesia, que ha recibido en su propio cuerpo.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

Gabriel López


 

5 de Abril de 2010. Mt 28,8-15. (WT)


Amado Jesús, estas mujeres salieron corriendo del sepulcro, con miedo y alegría, a anunciar la buena nueva de la resurrección. ¡Ah, mi Señor! Que nostalgia emerge de mi corazón, pues en esas mujeres me veo yo. Salí corriendo del sepulcro de mi pecado con miedo y alegría; miedo pues no sabía lo que venía, alegría pues finalmente te conocía. Y en medio de tan opuestos sentimientos me aventuré a anunciar tu evangelio y qué terribles enemigos se levantaron contra este anuncio. Pero en cada paso que daba te veía nuevamente a ti, amor mío, y no es que te sabía buscar, tan solo me dejaba encontrar; y así como a ellas “saliste a su encuentro” y asiéndose a tus pies te adoraron, así te cruzas en mi camino y yo me aferro a esos pies traspasados de amor y te adoro rindiendo mi destino.


¿De dónde vienes Señor? ¿En qué coloquio de amor estuviste con tu Padre? ¿Acaso vienes de ver a tu Madre? Y ese resplandor ¿Fuego del Espíritu consolador?


¡Es que has resucitado! ¡Y sin embargo tu pasión no has olvidado! Pues tu costado sigue traspasado. Esas manos y esos pies que con silenciosas llagas gritan mi iniquidad, gritan tu perdón, aún después de la resurrección quieres que sigan anunciando: “Jesucristo es Señor crucificado y resucitado”. Amén.

Wilson Tamayo

04 abril, 2010

Domingo 4 de abril de 2010. Jn 20, 1-9

La primera persona que se encuentra con la realidad de la resurrección de Cristo fue María Magdalena. Esta mujer representa a todos los fieles laicos del orbe, los cuales, muchas veces se encuentran con Cristo de una manera especial, bien sea por medio de la conversión o de alguna manifestación divina. En todo caso, al igual que María Magdalena, es necesario recurrir primero a Pedro —la cabeza de la Iglesia— para que "confirme", por la potestad que Dios le dio, lo acontecido.

En el mismo evangelio vemos cómo Juan, que llegó primero, permitió que Pedro entrara en primer lugar al sepulcro. ¡Primero debe entrar Pedro; después nosotros! Porque la Iglesia tiene la potestad para discernirlo todo.

María fue la primera que vio, pero su juicio era errado. Ella creía que se habían robado el cuerpo de Jesús, en cambio Pedro y Juan vieron el sepulcro vacío para luego comprender que Jesús había resucitado.

Nota curiosa: ¿Por qué el evangelio de Juan sólo hace mención de María Magdalena y no de las otras mujeres que nombran los sinópticos? San Agustín responde:

De cons. evang. 3, 24. No cabe duda que María Magdalena era la que más fervientemente amaba al Señor de entre todas las mujeres que habían amado al Señor; de modo que no sin razón San Juan haga sólo mención de ella sin nombrar a las otras que con ella fueron, como aseguran los otros evangelistas.

Por otro lado, ¿no te has preguntado qué pasó con los otros discípulos? San Gregorio responde:

In Evang. hom. 22. Aquellos, que amaron más que los otros, corrieron más; a saber, Pedro y Juan. Por eso sigue: "Salió, pues, Pedro y el otro discípulo".

Y para terminar, ¿Te has preguntado qué significan los lienzos y el sudario? San Juan Crisóstomo nos dice que son una prueba de la resurrección porque:

in Ioannem, hom. 84. Esto era prueba de resurrección, porque si alguno lo hubiera trasladado no hubiera desnudado su cuerpo. Ni si lo hubieran robado, los ladrones no hubiesen cuidado de quitarle y envolver el sudario poniéndolo en un sitio diferente del de los lienzos, sino que hubieran tomado el cuerpo como se encontraba. Ya había dicho San Juan que al sepultarle lo habían ungido con mirra, la cual pega los lienzos al cuerpo. Y no creas a los que dicen que fue robado, pues no sería tan insensato el ladrón que se ocupara tanto en algo tan inútil.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

Gabriel López

Secuencia de Pascua

¿Te has preguntado qué es esa tal "secuencia" que se lee en los domingos de Pascua?

Hoy nos encontramos con el hermoso himno Victimae Paschali Laudes, el cual (según Wiki), es una secuencia prescrita por la Iglesia católica para la Misa del domingo de Pascua.

Su creación se atribuye a Wipo de Burgundia, monje del siglo XI que fue capellán de Conrado II, pero también se ha adjudicado a Notker Balbulus, Roberto II de Francia y Adán de San Víctor.

Se trata de una de las cuatro secuencias medievales que se conservaron al hacer la unificación del misal tras el Concilio de Trento, pues antes de esta decisión pontificia varias fiestas o solemnidades contaban con secuencias propias[1] y se podía escoger entre alrededor de 16 secuencias para la solemnidad de la Pascua.[2] El misal de Pablo VI mantuvo su uso.



Victimae paschali laudes
immolent Christiani.
Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit peccatores.
Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.
Dic nobis Maria,
quid vidisti in via?
Sepulcrum Christi viventis, et gloriam vidi resurgentis:
Angelicos testes,
sudarium, et vestes.
Surrexit Christus spes mea:
praecedet suos in Galilaeam.
Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere:
tu nobis, victor Rex,
miserere.
Amen. Alleluia.

Domingo de Resurrección, 04 de abril de 2010. Juan 20, 1-9.

El Señor ha resucitado, ¡Aleluya!

El Señor resucita muy temprano, tanto, que aunque María Magdalena madruga, no alcanza a presenciar este dichoso momento, pues Jesús nos ama y le urge dar esa dicha gloriosa a nuestra alma lo mas pronto posible, nos invita a los sacramentos, ha vencido al mundo, al demonio y a la carne, solo espera nuestro Fiat, para que siendo dóciles a su voluntad, vivamos en Él.

Introduciéndonos en este momento dichoso, percibimos que las vendas están en el suelo y el sudario en otro lugar, esto sería signo de que Jesús no volverá a dormir en el sepulcro, que está vivo y no morirá nuevamente, pues ya el banquete está servido, el Cielo está abierto, que no se guardó nada para sí, que nos amó hasta el extremo, que ¡vive!, entonces sólo falta de nuestra parte, unirnos al sentimiento de Pablo, “busquemos los bienes de allá, arriba” para los cuales hemos nacido, porque ¿qué mas podemos pedir a Dios?

También vemos en ésta lectura del Evangelio, igual que en otros pasajes, que Juan se llama a sí mismo el discípulo Amado, y como explicó el padre en la homilía, él es el amado, no porque Jesús tuviera preferencias entre los apóstoles, sino porque él se dejaba amar, recibía todo el amor, se apersonaba de cada palabra que Jesús decía, sabía que le importaba a Cristo, por eso quería corresponder, entonces corrió junto con Pedro, hacia el sepulcro para saber que ha pasado con quien lo ha amado, ama y amará infinitamente, mas que cualquier otra persona, y en consecuencia, quien se considera así podrá llamarse el discípulo amado, pues buscará, correrá, y Dios, que no se deja ganar en generosidad, le recompensará su pequeño esfuerzo, le dará sus dones, le dará a María, le acompañará con la Iglesia y la recta doctrina, estará en obediencia al Papa y le participará de la fe, como le sucedió a Juan en el evangelio de hoy: “vio y creyó”, y por ende, se puede decir que Resucitó con Él.

Preguntémonos, ¿Me siento amado por Dios? ¿Lo he buscado? ¿Estoy feliz porque ha resucitado? Si Jesús vive en mi, ¿cómo voy a reflejarlo en esta pascua? ¿Cómo voy a participar de cada Eucaristía?

Reina del cielo, nos alegramos contigo, con todos los ángeles y bienaventurados del cielo, porque el Señor ha resucitado ¡Aleluya!

Jessica Restrepo

Sábado Santo, 03 de abril de 2010. Lucas 24, 1-12

Las mujeres de madrugada van al sepulcro esperando hallar el cuerpo de Jesús, miran desde la naturaleza humana, ven lo terreno, necesitaban un anuncio de la esperanza, necesitaban unos mensajeros que les confirmaran lo que habían escuchado de Jesús; nosotros también actuamos similarmente, tenemos ojos y no vemos, olvidamos fácilmente las experiencias de amor de Dios para con nosotros, inclinamos nuestra cabeza y no alcanzamos a mirar hacia arriba para vislumbrar los divinos misterios, por eso, en estos tiempos viene María como la mensajera, que nos mueve a vivir el evangelio, que nos indica y dirige hacia su Hijo, y como decía Monfort, nos participa de sus virtudes, para poder reconocer al Resucitado y anunciarlo con radicalidad, firmeza, convicción y valentía.

Como los apóstoles, muchos hemos recibido el anuncio de la Resurrección con dudas, nos ha parecido un sin sentido o una alucinación, pero el reto es a no quedarnos sumergidos en la soberbia que nos encierra en nuestro limitado entendimiento, sino a que tomemos la actitud de nuestro primer pontífice, Pedro, y nos dirijamos hasta el sepulcro, para reconocer por medio de un encuentro personal con el Señor, que Él vive; sólo cuando veamos la manifestación de Dios en nosotros, sólo cuando estemos dispuestos a dejarlo entrar en nuestra vida y solo cuando le demos autorización sobre lo que somos y tenemos, será llena nuestra vida, cobrará sentido, pues nos habrá conquistado el que debe ser eternamente el Dueño de nuestra alma.

Jessica Restrepo

03 abril, 2010

De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado(PG 43, 439. 451. 462-463)

EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS MUERTOS
 
¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
 
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
 
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.
 
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados", Y a los que estaban adormilados: "Levantaos."
 
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
 
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
 
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
 
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
 
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
 
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

02 abril, 2010

Viernes Santo, 02 de abril de 2010. Juan 18, 1-40. 19, 1-42

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Es imposible lograr comprender tan grandioso misterio de amor, el misterio donde Nuestro Señor padece y muere para darnos la Vida, por eso de manos de la Virgen María y como lo recomiendan los santos, meditemos la pasión, elevando nuestra alma al arrepentimiento sincero y experimentando el amor de Dios.

Si realmente queremos perseverar en el camino de conversión debemos ver reflejada la pasión de Jesús en nuestras vidas, debemos comprender que este no es un acontecimiento de hace 20 siglos, sino que se renueva en cada instante, que se consume en cada Eucaristía, da sentido a nuestro ser, pues vemos a Dios que muere por amor a ti y a mí, no por lo que somos, sino a pesar de lo que somos, hemos quedado a deuda con Dios, jamás podremos compensar que nos haya dado tanta dignidad: ¡ser hijos de Dios!

Hoy bebamos el cáliz con Jesús, no peleemos con espada como lo intentó Pedro, sino que con las llagas de nuestras rodillas, con la oración, con la escucha atenta de la voz de Dios, con la defensa de la Verdad, con el trabajo de nuestras manos, con nuestra voluntad, con nuestros sacrificios diarios y en comunidad ya no gritemos crucifícalo, sino que elevemos nuestras voces en pos de la Vida, de la Verdad, del Amor, defendamos y luchemos por nuestra Iglesia Católica, por nuestros sacerdotes, por los sacramentos, por la Virgen María!

Jesús fue puesto en un sepulcro nuevo, así mismo como fue engendrado en las entrañas inmaculadas de la Virgen, para Él debe ser reservado todo, lo mejor, que en esta semana santa, también tenga lo mejor de nosotros, que sea todo para El Todo, quien nos da Todo.

Madre María, Virgen Dolorosa, enciérranos a tu corazón para ser fieles hasta la muerte, hasta la cruz, para sufrir con Cristo y resucitar con Él.

Jessica Restrepo

Viernes Santo, 2 de abril de 2010. Jn 18, 1-40. 19, 1-42

<> ¿Acaso alguna vez Jesús ha hablado mal? ¿Acaso Jesús ha hecho algo que lo haya hecho merecedor del suplicio de la cruz? Sin embargo fue asesinado en la cruz por todos nosotros.
Cruz, gloriosa cruz… Dios mismo fue clavado en ti y sobre ti derramó su sangre preciosísima. Tú eres la representación más perfecta de lo que nosotros somos. El hombre y la cruz tienen una similitud impresionante:

Primero. Antes de Cristo los dos estaban perdidos, tanto el hombre como la cruz. El hombre por haber caído en la culpa original, la cruz porque era maldita.

Segundo: Cristo toma la condición de hombre para arrancar al hombre del pecado. Cristo toma la condición de cruz, muriendo en ella, haciéndose cruz, para traer la salvación al mundo entero.

Tercero. La Sangre preciosísima de Cristo empapó la cruz, y la misma Sangre empapó a todos los hombres.

Cuarto. Tanto la cruz como los hombres son nada si les falta Cristo.

Gracias Dios por morir en la cruz por nosotros. Gracias por tu inmensa compasión que borra nuestras culpas. Gracias por tu inmenso amor… amor hasta la muerte.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

Gabriel López

01 abril, 2010

¡¡¡Llegamos a 100!!!

Nuestro Blog llegó a 100 visitas... ¡increíble!

80 son de Gabriel, 10 de Esteban y Jessica y otras 10 de algún navegante perdido que al entrar habrá dicho: ¿Dónde rayos estoy?... acto seguido el botón "atras" de su navegador habrá cumplido una vez más con su deber.

De cualquier forma... llegamos a 100

Gabriel López

Jueves Santo, 01 de abril de 2010. Juan 13,1-15

Jesús sabiendo que había llegado su hora, nos ha amado hasta el extremo, y en el inicio del Triduo Pascual, donde ha sido traicionado por su amigo, sabe a donde se dirige, hacia el Padre, por eso mantiene la cordura, ¡no se cansa de amar!, aún en esa circunstancia extrema, en la turbación de la cercanía de la muerte, AMA! y toda su vida ha amado.

La muerte es una situación donde realmente mostramos lo que somos, donde se recoge y se sabe el fruto de nuestra vida, donde debe prevalecer la fe; luchemos pues, para que cuando nos llegue este inevitable momento, que puede ser hoy mismo, podamos decir, junto con Jesús, que hemos amado hasta el extremo, sacrificándonos sin haber soltado la cruz, habiendo sido el Evangelio andante, reflejando en todo instante la Virgen María; si permanecemos con esta convicción en nuestros pensamientos, seguramente toda nuestra vida se transformará y seremos motivados a actuar conforme a lo que haría Jesús.

Posteriormente, en la lectura del Evangelio, Jesús coge una jofaina que es una vasija en forma de taza, y comienza a lavar y secar los pies a los discípulos, entonces se expresa que para Pedro y seguramente para los demás, ésta es una actitud que todavía no se entiende, pero que luego entenderá, pues sólo es cuestión de tiempo; sin embargo, Pedro se niega a dejarse lavar por Nuestro Señor, entonces, a Jesús le toca confrontarlo, porque si no se deja a Dios ser Dios, en consecuencia, no se estaría con Él, no podríamos llamarnos sus discípulos misioneros, no podríamos rezar en el Padrenuestro “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”

Las palabras de Jesús a Pedro, nos llevan a comprender que la humildad, la entrega, el amor, no lo conocemos a plenitud, por eso en la medida que oremos, que frecuentemos los sacramentos, seremos motivados, en semejanza a Cristo, a realizar actos heroicos por amor, por las almas, a vivir en coherencia, a ser movidos por el Espíritu Santo y podremos decir el Señor hace nuevas todas las cosas (Apoc.21,5), nunca nos cansaremos de seguirlo, aún hayan momentos que no entendamos, pero que al final el Corazón de Jesús y de María triunfará! Amén

Jessica Restrepo

Jueves Santo, 1 de abril de 2010. Jn 13, 1 ss.


¿Qué nos quiso decir Jesús con aquel gesto? Lavarles los pies a sus discípulos era algo insólito en aquella época, esta costumbre era exclusiva de los criados. Jesús se hace el criado de todos al lavarles los pies. Pero ¿eso fue todo lo que hizo? No, el gesto de Jesús es una manifestación sensible de algo que hizo de otra forma, es decir, lavarles los pies a los discípulos lo único que logró fue manifestar externamente lo que iba a hacer de una manera más perfecta.

Jesús se hace Eucaristía, se hace menos que siervo, porque el siervo depende de su amo pero sigue teniendo voluntad, en cambio, Jesús Sacramentado entrega incluso la voluntad de transformarse en la especies eucarísticas para hacerse Sacramento cuanto los discípulos quieran, por lo tanto, entrega incluso hasta su voluntad en manos de los hombres y por el bien de ellos. ESTE ES EL VERDADERO LAVATORIO.

Jesús muestra visiblemente lo que va a hacer espiritualmente. Por lo tanto, el acto del lavatorio es perfecto, porque no se queda en el acto, sino que da fruto. ¿Por qué digo esto? Porque lavarle los pies a alguien es MUY FÁCIL, hasta yo soy capaz de hacerlo, pero hacerse Eucaristía, es sólo un acto de valientes. Hacerse Eucaristía es entregarse hasta la muerte, no por sigo mismo, sino por los demás. Hacerse Eucaristía es algo digno incluso del mismo Dios y es el camino que Nuestro Señor ha trazado para nosotros.

María, la mujer Eucarística, nos enseña a perpetuar lo que hoy celebramos. María, Madre de Dios, hermosa cordera (esto lo dice San Melitón de Sardes, obispo, en el oficio de lectura del Jueves Santo), al igual que su Hijo, se hace la más pequeña de todas las criaturas para alabar así al Señor. Me atrevo a decir que Jesús, en el momento del lavatorio de los pies se inspiró en María al recordar sus palabras: HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR…

Y tú, ¿ya te hiciste Eucaristía?

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

Gabriel López

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