15 febrero, 2013

¿Por qué el ayuno? 1ra parte

Evangelio según San Mateo 9,14-15.
Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
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Los seres humanos tendemos a subvalorar lo esencial y a valorar lo no esencial. Estamos sometidos al dominio de la carne sobre el espíritu como consecuencia del pecado original. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
399 La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia. Adán y Eva pierden inmediatamente la gracia de la santidad original (cf. Rm 3,23). Tienen miedo del Dios (cf. Gn 3,9-10) de quien han concebido una falsa imagen, la de un Dios celoso de sus prerrogativas (cf. Gn 3,5).
400 La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gn 3,7)...
La carne le hace la guerra al espíritu y la domina. 
- Cuando queremos hacer un ayuno nos encontramos con un espíritu dispuesto, alegre, decidido y entregado... hasta que nos da hambre y se acaba el ayuno.
- Cuando queremos madrugar a orar nos encontramos con un espíritu dispuesto, alegre, decidido, lleno de planes y de ideas... hasta que tocamos la cama y no nos queremos levantar.
- Cuando hacemos el propósito de cambiar nuestro mal genio, nos encontramos con un espíritu dispuesto, alegre, decidido, lleno de planes e ideas... hasta que nos encontramos con aquella persona que nos cae mal.
- Cuando queremos dejar el pecado nos encontramos con un espíritu dispuesto, alegre, decidido, entregado... hasta que se nos presenta la oportunidad de pecar.
En fin, ¿por qué pasa todo esto? porque nuestra carne domina sobre nuestro espíritu. Porque somos más corporales que espirituales por causa del pecado. Pero tenemos que hacerle la guerra a nuestro cuerpo para elevar el alma y no dejar que sea dominada por la carne. Hay que devolverle a las facultades espirituales su lugar en nosotros, y por todo esto es una buena idea ayunar.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella,

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