01 abril, 2012

Sufrimiento

La semana santa es uno de los tiempos litúrgicos mas importantes, por que es el tiempo en el que renovamos la entrega a nuestro Señor, es el tiempo de renuncia y de negación a nosotros mismos para dar paso a que se efectué la voluntad de Dios en nuestras almas, es tiempo de propósitos, es tiempo de amar a Jesús, no solo en la entrada a Jerusalem, si no como aquel discípulo amado que lo acompaño hasta la cruz.
El amor que ya no es amado (como lo decía constantemente S. francisco de asis) nos pide en esta semana que nos preparemos en oración, penitencia y ayuno para recoger cincuenta días después en pentecostes los frutos de esta semana santa; Jesús nos pide que renunciemos como el, al mundo, al demonio y a la carne, para reparar el daño que hace hoy el mundo a su corazón eucarístico. Este tiempo litúrgico nos asemeja a unos cristos en la tierra cooperando con el ofrecimiento diario de nuestros pequeños sacrificios.
"Viviré Señor como un cristo lacerado, coronado de espinas y crucificado, si es tu voluntad" y como la santísima virgen María llorare en el silencio de mi corazón, ofreciendo cada lagrima como expiación de mis pecados y los del mundo entero.
Todo por la inmaculada, nada sin ella.

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