26 junio, 2012

Pobres cerdos

Evangelio según San Mateo 7,6.12-14.
No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.
Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.
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¿Qué tal darle caviar a los cerdos y comer nosotros cidras? Eso es precisamente lo que hacemos a veces. Es más, no estamos lejos de la realidad cuando preparamos carne asada para el perro de la casa y cerramos la puerta al mendigo que muere de hambre. ¿Acaso eso no es lanzarle las perlas a los cerdos?
¿Y qué tal cuando tiramos por el suelo el bautismo, lo escupimos y lo pisoteamos? ¿No es lanzarle a los cerdos las perlas? Pero alguien podrá preguntar ¿cuándo hacemos eso? pues simplemente lo hacemos cuando pecamos mortalmente.
¿Y qué tal cuando arrojamos por el piso al mismo Dios, lo escupimos y lo pisoteamos? ¿No es lanzarle a los cerdos las perlas? Pero alguien podrá preguntar ¿cuándo hacemos eso? pues simplemente cuando profanamos la Eucaristía con nuestra mala conducta y con las comuniones sacrílegas...
Y saber que nosotros somos los mismos cerdos que solemos pisar las perlas... Pobres de nosotros.

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