02 junio, 2011

La tristeza y la Alegría del Cristiano, del discípulo


Jueves, 02 de junio de 2011. Jn 16, 16-20
«Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»

Dice que nosotros le dejaremos de ver por poco tiempo, que en realidad puede parecer mucho, pero que en verdad es poco. Pero no dice que Él nos dejará de ver, pues es imposible para el Amor infinito que Dios nos tiene dejar de ver y contemplar a su hijo. Nosotros dejamos de verle por poco tiempo, pero Él nunca nos deja de ver, ni siquiera cuando hemos cometido la abominación del pecado, ni siquiera en la prueba, en la tribulación y el dolor.

¿Cuál es la explicación que da Jesús? asegura que habrá llanto y lamentación en sus discípulos, mientras el mundo está alegre, pero esta tristeza es transitoria porque se convertirá en alegría. La tristeza de la que habla específicamente, no es la tristeza del pecado personal, sino que es la tristeza que se siente por las almas, por quienes parecen alegres con las falsedades del pecado y con las sombras de placer que da el mundo, es el dolor que se pueda sentir al ver que el mundo abandona a su Creador, es un poquito del dolor de Cristo, que en su infinita misericordia nos ve y nos comparte su amor acompañado del sacrificio.

Este en vez de ser un evangelio desesperanzador, es por el contrario, una invitación a la confianza, la misma que tuvo nuestra Señora que con sus plegarias pide que venga el Mesías, porque sabe la necesidad de las almas, esta confianza de la Virgen hizo que viviera la Alegría del Mundo: Cristo. Nuestra alegría es que Jesús habite en nuestra alma y en las almas con las que entremos en contacto. Venga Señor tu reino, a través del corazón inmaculado de María, que te recibió dignamente. Totus Tuus mamá

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