16 julio, 2011

¿Cuál fue el éxito de Jesús?

Evangelio según San Mateo 12,14-21. 
En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos.
Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer,
para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones.
No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas.
No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia;
y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

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Jesús fue diferente. No predicó en las plazas ni en las sinagogas, sino en los montes, en el mar, en los campos de cultivo, en las casas de los enfermos, incluso en las fiestas. ¡Qué raro, verdad! Jesús no escogió hablar a las multitudes sino que fue predicando poco a poco y a pocos. Con el tiempo esos pocos se convirtieron en multitudes y ese mensaje se volvió católico.
Jesús no pasaba la colecta, no pedía diezmo, no cobraba por dar charlas, no pertenecía a ninguna ONG y pedía colaboraciones materiales. Su mensaje simplemente llegaba a los corazones y los movía a practicar la caridad, ¡y sí que vivieron la caridad!
El mensaje de Cristo era tan fuerte, y su testimonio era tan impresionante, que los corazones por sí solos se trasformaban y empezaban a vivir según el Espíritu de Cristo. Era tal la autoridad del Buen Jesús, que no había necesidad de hacer cartillas de seguimiento, ni procesos de selección vocacional, ni retiros de perseverancia, ni bases de datos para llamar a los que alguna vez fueron a una charla. Tampoco tenían cuentas bancarias para recibir las donaciones y mucho menos secretarias encargadas de recordarle a las personas que tenían que acercarse a escuchar a Jesús de vez en cuando. No tenía carta de presentación, ni un título universitario. No tenía un correo electrónico ni un perfil en Facebook. No twiteaba con su club de fans y no tenía página web. No aparecía en google y nunca contestaba el blackberry. No tenía vallas publicitarias y su rostro no aparecía en las revistas de moda.
Entonces ¿Cuál era el secreto de Jesús? ¿Cómo pudo haber sido, y seguir siendo, tan exitoso? El éxito de Jesús está en su Corazón. El Corazón de Cristo llena los corazones de todos. Los corazones humanos se mueve por una fuerza vital y necesaria. Todos los corazones humanos necesitan de un combustible especial para poder tener "energía" y poder latir. Esa fuerza vital, ese combustible, no son los impulsos eléctricos que envía el cerebro, es el amor, la caridad. La caridad es irresistible a un corazón humano. Una persona dura, triste, sola, soberbia no resiste la caridad. No importa el estrado social, las posibilidades económicas, la cultura, la edad, el sexo, la humildad o el egoísmo que tenga, el corazón humano no soporta el amor.
No lo soporta, no porque no lo pueda sentir, sino porque todas las barreras y todos los prejuicios y toda la dureza se ve reducida a polvo cuando un amor auténtico llega a él. El corazón humano esta hecho de amor, del amor de Dios, del Espíritu de Dios y por lo tanto, cuando siente amor, se ve sumido en su "materia esencial" y "recuerda" de qué está hecho y sus escamas y prejuicios se ven derrumbados por tierra... El corazón humano no resiste el amor de otro corazón y mucho menos el amor del Corazón de Cristo.
¿Y entonces? pues que ese fue el éxito del Buen Jesús, su Corazón ardiente que lo quemó todo a su paso y lo transformó todo. La fuerza incondicional e imparable del amor del Corazón de Jesús nos cautivó a todos... Miremos su Corazón, pero mirémoslo a través del Corazón de la Inmaculada.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

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