28 julio, 2011

Déjate enredar

Evangelio según San Mateo 13,47-53. 
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

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El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar... Esta red permanece allí muchísimo tiempo y TODOS terminaremos en ella, unos para la perdición y otros para la salvación. Esta red tiene la capacidad de enredar a todos, ninguno se salva de ella, no importa su tamaño o su condición. Llegará el momento en que esta red se llene y será sacada a la orilla para hacer la selección de los frutos.
Si la red siempre va a estar allí y si todos vamos a caer en ella, entonces sólo hay dos opciones, o amarla e ir hacia ella voluntariamente o huir de ella siempre y tratar de dilatar nuestra captura. Al fin de cuentas todos terminaremos enredados, entonces, ¿para qué huir? podríamos, pues, reducir la posibilidad a una sola: amarla.
El Reino de los Cielos es para todos, buenos y malos. Nadie puede escaparse de él, entonces, yo quiero ser de los peces buenos y no de los malos que serán arrojados al fuego donde será el llanto y el rechinar de dientes.
Esa red no solo capturará a todos los peces, sino que también tiene una cualidad: atrae. Todos nos sentimos atraídos hace ella porque tiene una fuerza seductora que es irresistible para los que tienen un recto corazón. Es la sed implacable de nuestro corazón la que nos impulsa a ser capturados por la red porque nuestra verdadera patria está en la orilla y no en las aguas turbulentas.
Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

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