19 abril, 2010

19 de Abril

Este evangelio encadena dos Lectio que he comentado recientemente: sobre las señales y sobre el creer en Jesús.
Jesús llama la atención del pueblo por no entender las señales que Dios les da. Seguimos pegados de lo terreno. Seguimos viendo más el significado físico que el significado trascendente de las cosas que Jesús hace. Seguimos detrás de los milagros de Dios y no detrás del Dios de los milagros.

Para este pueblo no importaban el acto milagroso que realizó Jesús, ni analizó de donde provenía aquel poder y mucho menos qué quería mostrar Dios a través de estos prodigios. La gente seguía tras Él para ver qué mas le iba a dar. 

Esto me aclara mucho más el porqué Jesús fue abandonado por su pueblo a la hora de su pasión; por qué nadie lo defendió. No entendían quien era, solo esperaban cosas de Él para saciar su presente y en esta óptica, un Jesús capturado, indefenso, que no se resistía a nada, que no hacía prodigios, no era útil para su pueblo.

"¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?" pregunta un pueblo confundido y preguntamos nosotros. Y allí Jesús responde la otra parte de lo que les comenté al principio: Creyendo en Jesús en todo el sentido de la palabra. Pues esta gente seguía a Jesús (como muchos) pero no creía en Jesús. Veían a Jesús a su manera (como muchos) pero no aceptaban la realidad de Jesús como Hijo de Dios.

Madre Santísima permíteme ver a través de tus ojos las señales que Dios nos regala para conocerle al igual que Tú le conoces y a creer en Él al igual que tu crees. Amén

Dios les bendiga

German Tamayo

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