18 abril, 2010

Domingo, 18 de abril de 2010. Juan 21, 1-19. (JR)

Como dirían los misioneros de lazos: ¡Impresionante!, en realidad en este evangelio se evidencia varios aspectos de la vida del discípulo misionero, aquí me enfocaré específicamente en Pedro, en el Vicario de Cristo, éste —luego de saber que Jesús ha resucitado— sale a pescar y junto con los otros le responde al Señor que no hay peces, sin embargo, confía y echa nuevamente las redes, las cuales rebosan, en esta situación de abundancia, Pedro es capaz de escuchar cuando Juan dice: “Es el Señor”, acepta la presencia de Dios con humildad, reconoce su acción; posteriormente, al llegar a la orilla, el Maestro ha cocinado, tiene un pez, y podríamos preguntarnos ¿un pez para tantos discípulos? No, en realidad el pez que ha preparado se lo da a Pedro, no porque sea egoísta, sino porque en esta ocasión viene a dirigirse a su sucesor, quien está encargado de dirigir la Iglesia, de apacentar los corderos, de pastorear y apacentar las ovejas, quien con su muerte iba a dar gloria a Dios y a quien nosotros debemos obedecer, apoyar, escuchar y reconocer que es elegido por Dios mismo.

¿Y los demás discípulos? Ellos comían de los otros peces, de los que acababan de sacar, debían aprender a inmolarse como Jesús lo había hecho y como Pedro lo iba a hacer, debían aprender a ofrecerse, a ser oblación perenne, a darse en pro de la fe, de la Iglesia, de la Verdad, y a reconocer el ejemplo a seguir del primer sumo Pontífice, quien cumplió la misión que Jesús le encomendó, que dio su vida por el rebaño de Dios movido por el Amor.

Santa María, Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros. Amén.

Jessica Restrepo

No hay comentarios:

Search