07 junio, 2010

Lunes 7 de junio de 2010. Mt 5, 1-11 GL

La cruz es signo de contradicción para todas las generaciones. En tiempos de los profetas la persecución era la señal clara de la autenticidad del mensaje transmitido. En tiempos de Cristo no cambiaron las cosas y el mismo Hijo de Dios fue crucificado.

Los cristianos también fueron perseguidos por razones injustas y por predicar el evangelio. ¿Y hoy, piensas vivir sin la cruz? Un cristianismo sin cruz es una payasada, no existe tal cosa. Entonces, ¿por qué nos asustamos, incomodamos, afligimos y hasta protestamos cuando encontramos que en nuestro camino hay muchas cruces? Muchas veces argumentamos que «las cruces están bien pero cuando vienen de afuera, pero ¿cómo es posible que la persecución nazca muchas veces desde el seno de la misma Iglesia a la cual amamos y defendemos?». Este argumento no tiene validez alguna, porque exactamente le pasó a Pablo y a los apóstoles, ¿acaso no eran perseguidos por los mismos cristianos al despertar en ellos cierta envidia?

Ese es el destino del cristiano: ser signo de contrariedad…

Gracias Señor porque cada día nos muestras que tu camino no es de rosas y de mieles, sino un calvario que tiene como meta la cruz. Gracias por tu Madre que nos ayuda en nuestras luchas y dificultades y endulza este caminar.

Todo por la Inmaculada, nada sin Ella.

Gabriel López


 

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