11 junio, 2010

Viernes, 11 de junio de 2010. Lucas 15, 3-7 JR

Jesús se dirige hacia los fariseos y escribas, quiere enseñarles a alegrarse por las cosas eternas, por la conversión de los pecadores, porque es la felicidad verdadera que debemos buscar.

El esfuerzo del pastor se ve recompensado, carga en sus hombros la oveja encontrada y está alegre… y nosotros ¿Qué cargamos en nuestros hombros? ¿En qué o en quien fundamentamos nuestra alegría? ¿En qué desgastamos nuestra vida?

Es cierto que la conversión es obra de Dios y de su divina gracia, pero el Señor ha querido participarnos de su amor para que nosotros amemos, para que nos desgastemos, con el fin de que muchos sean ocasión de alegría en el cielo, con el fin de reparar el corazón de Jesús, buscando nuestra propia salvación y la de los pecadores del mundo entero.

Santa María, consuelo de Dios, acoge mis pequeñas obras buenas y repara con tu bálsamo de amor el corazón de tu divino Hijo, alcánzanos la gracia de la salvación, del amor por las almas, la eficacia en la palabra, la humildad y el deseo de permanecer unidos al corazón de Jesús.

Sagrado corazón de Jesús, en vos confío.

Jessica Restrepo S.

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