07 septiembre, 2010

El poder de la Oración


Jesús pasó la noche orando al Padre, orando con el Padre, orando en el Padre, orando para el Padre. Majestuosa la enseñanza del evangelio en el cual nos muestra a un Hombre; Dios, Señor, Amo, Maestro, “orando”. Es el mismo Jesús y sin embargo estaba enseñándonos que debemos orar y debemos orar fuertemente pues el espíritu está pronto pero la carne es débil. Nuestro señor nos enseña a entender el poder y grandeza de la oración, como dice San Agustín “Dime cuanto oras y te diré quién eres”.

Qué poderosa la oración que ahuyenta el demonio y sus asechanzas, qué poderosa la oración que limpia de la influencia del enemigo, qué poderosa la oración que nos acerca a Dios y nos une íntimamente con Él. Qué poderosa la oración que es la llave de la santidad, qué poderosa la oración que sin ella no podremos recibir la gracia de la salvación, qué poderosa la oración que concede a almas tan manchadas, débiles e imperfectas la blancura de la pureza, limpieza y fortaleza divina, qué poderosa es la oración que nos hace imagen y semejanza de Cristo, que oro toda una noche para escoger los Apóstoles.

Y que hermosa es nuestra madre que le enseño al Rey de la oración a orar, que oración seguramente tan profunda la de nuestra madre teniendo el verbo encarnado a su lado. Así el que de oración no sepa, el que de oración sea inexperto, el que de oración sea imperfecto, acérquese a la madre que ella le enseñará a ponerse de rodillas todos los días para adorar a Jesús.

¡A ti madre querida, enséñanos a amar!
“Ad Maiorem Dei Gloriam per Mariam”

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